Viaje a Fátima (6).
22 febrero 2024
Murcia, jueves, sin novedad. Sigo con el viaje que hicimos a Portugal con la Parroquia el año 1987:
La vida de los hoteles es igual siempre; gentes que se cruzan sin mirarse, jóvenes que viven el futuro y mayores que viven del pasado. Un bar que detiene a personas que van de paso.
El salón, con grupitos que hablan sin prisa. Recepción con su baile continuo de llaves de habitaciones: “la 504”; “la 210, por favor”. Llamadas de teléfono, venta de postales y llaveros.
La comida, como las anteriores, copiosa y bien preparada. Cuando dejamos el hotel Alcántara no podemos sino darle un Sobresaliente por su perfecto servicio al cliente.
El viaje a Fátima desde Cáceres es largo, por lo que decidimos salir pronto. Bueno, lo de decidimos es un decir. Quien decide es don Francisco, que tiene cara de jefe y es jefe de expedición: “Cuidado con las bañeras, que son resbaladizas”, “A las 9 en el coche…” Y lo hace bien: se le ve responsable, preocupado, muy en su papel.
El papel de chef es delicado: puede pecar por exceso y por defecto fácilmente. Creo que el gran jefe es el que todo lo dispone para que nada falte y se pierde en la penumbra.
no sé si me explico: quien se desvive por los otros y a quien nadie apenas ve. Como ese contertulio que se echa de menos si falta y en quien nadie repara cuando está presente.
Pues así es nuestro don Francisco: se revela como hombre serio, responsable y compañero ejemplar. Yo pido en este punto un aplauso para él.
A decir verdad, todos sabemos que sus órdenes son recibidas de… ah! adivina. adivina, hace un poco el papel de marido que manda en su casa, pero que mira primero a la mujer.
Nuestro director indiscutible es don Silvestre, que se merece también un fuerte aplauso.
Los primeros minutos se pasan viendo una película de nuestro grupo que hábilmente fue filmando Manolo Beltrán en determinados momentos de nuestro viaje: visitar a monumentos, paseos, etc., etc.
A 30 km de la frontera Joaquín se marea y tiene que bajar del coche. Todo pasa pronto, sin más consecuencias que lamentar. Llegamos a Valencia de Alcántara, que está a dos pasos de la frontera.
El coche -MU-2801-2-Busmar- es un jabato, y Demetrio, su conductor, un experto del volante. A las 6 paramos en la aduana. El paisaje cambia algo: del matorral se pasa a frondosos bosques de encinas y alcornoques, castaños y robles.
Francisco Marín va preocupado con el cambio de moneda. Quizás haya cambiado sus pesetas por escudos en un Banco para saber salir mejor librado en sus compras.
Una voz deliciosa inunda el autobús. Es la voz de Isabel, qué emocionada, sintiéndose ya en tierra portuguesa, canta: “Ay, Portugal por que te quiero tanto, ay, Portugal, por que se piensa tanto en ti… “
Todos aplaudimos. El coche es una fiesta. Nos vamos acercando a Fátima. Casi la tocamos ya. Cantos marianos a gogó. Cuando Fina cantó el AVE María de Schubert, todos guardamos silencio. Un silencio de respeto a su hermosa voz.
Supimos que había nacido una estrella en el grupo. ¡Que voz tan potente y armoniosa!: ni Montserrat Caballé. Desde ese momento los cánticos a la Virgen, un repertorio largo y variado, se siguieron sin parar.
Pasamos por AlPalhau; una flecha indica: a Espanha 33 km. más caseríos a orillas de la carretera; nombres en portugués: Rúa da Barroca. Fátima, por deseada, no termina de llegar. Es interminable la llegada.
Por fin, a las 9:30 h llegamos al Hotel Tres Pastoréanos donde habíamos de pasar dos noches. El hotel es majo de verdad. Se ve enseguida. Vamos a salir sabiendo más de hoteles que en su dTa Ruiz Mateos de bancos y finanzas.
Tras la cena -abundante cena- vamos a la cueva, al Santuario de la Señora, grandioso, emocionante lugar, La Virgen preside sencilla y solemne la amplia plaza llena de fieles.
Todo un clamor de fe y de esperanza. Razas y colores diferentes. Rostros visiblemente emocionados miran ansiosos a la Madre, sencilla, blanca, que llena de paz los corazones.
Todo es una oración jubilosa a la Virgen, que se apareció a tres pastores en este mismo lugar.
Continuará.
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