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Viaje a Galicia 2.

 24 ABRL 2024 ; San Fidel

   Murcia, miércoles, temprano, sol sin nubes, sin novedad en casa. Empieza el día riendo.

   -Van dos amigos en moto y uno dice al otro:

   -El tubo de escape hace un ruido infernal.

   -¿Qué has dicho?

   -Que el tubo de escape hace un ruido infernal.

   -No te oigo nada, el tubo de escape hace un ruido infernal.

Sigo con el viaje a Galicia.

   Hemos visto la bella ciudad de Vigo, al sur de Pontevedra, con sus tiendas inevitables de suvenires y postales, su iglesia de Santa María, sus calles enlosadas, su Plaza Mayor con soportales, y algo más.

   Pero de Vigo lo que más te impresiona es el paisaje, sus Rías, sus interminables pinadas, sus chales incontables por las faldas de sus bellísimos montes… De ensueño.

   Entre Vigo y Pontevedra, el paisaje es un paraíso terrenal, un recreo para los sentidos, un deseo de quedarse contemplándolo toda la vida.

   Si tuviera que expresar de alguna forma lo que se siente viendo esta maravilla de la naturaleza, mezcla de azul de aguas y verdes de prados, con manchas oscuras y rojizas de casas desperdigadas a millares, diría que es el pasmo.

   No se concibe que tanta belleza pueda existir en un mismo lugar. Pontevedra es, creo, más señorial si quieres, pero menos presumida.

   no sé, mi impresión de Pontevedra es eso: una plaza de toros descuidada por fuera, unas calles empedradas y las tiendas inevitables de recuerdos.

   Sus gentes queriendo agradar y sus magníficas vistas -huertas- radiantes de verdad en las afueras. Visitamos la Catedral y nos hicimos una foto en la puerta. Otra foto más tarde, junto a la Patrona, que no recuerdo cómo es su nombre.

   La tarde del domingo la aprovechamos para ir a la isla de la Toja y un recorrido por playas próximas. El viaje va transcurriendo francamente bien, decir otra cosa sería mentir.

   Los niños se divierten, comen bien, no están enfermos, los profesores sin problemas, el chófer servicial, el hotel acogedor, no se puede pedir más.

   Hoy lunes salimos a las nueve, después del desayuno, hacia Portugal. En el camino veríamos también la Guardia, la desembocadura del Miño, el monte de Santa Tecla y el camino que, como se dijo, es una fiesta para la vista más exigente.

  La entrada a Portugal sobre las 11:00 h no fue sencilla. La aduana resultó un tanto respondona, y los controles a cada paso, desconfiados y chulos. Los guardias cumplían como máquinas más que como personas.

   Gracias a la carta de presentación que trajimos de Murcia donde se alababa sin reservas la proverbial nobleza gallega, y otras lindezas, pudimos pasar la casi inexpugnable frontera portuguesa.

  Continúa.


Comentarista: F. Tomás Ortuño

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