Viaje a Galicia 3.
25 abril 2024 : San Marcos
Murcia, jueves, temprano, sin novedad.
¿SABÍAS QUE
Kafka -1883-1924- es uno de los escritores más influyentes de la literatura universal y primero en la fusión del realismo y lo fantástico?
Casi toda su obra se publicaron después de su muerte, a pesar de que su deseo era que se destruyeran sus escritos cuando él muriera.
Entre otras muchas obras destacan las novelas METAMORFOSIS, CARTA AL PADRE, EL ARTISTA DEL HOMBRE, EL PROCESO…
Según recoge su diario personal, escribió “LA CONDENA” en una noche, en 1912.
Sigo con mi viaje a Galicia:
Ya en Portugal, muy cerca de Tui, compramos a discreción ropas, relojes y comida, para llevar a casa como recuerdo. La moneda oficial es “el escudo”, que al cambio viene a ser algo más de nuestra flaca peseta. Un objeto que marca 100 escudos cuesta justo 120 pesetas.
Poco más de Portugal: que es parecido a las tierras colindantes extremeñas, pero menos limpias. Yo advertí en el ambiente, sin poder precisarlo mucho, ni menos asegurar que fuera así, pobreza, miedo, y… lo diré: miseria.
Las personas me parecieron poco de fiar, esperando que alguien les resolviera alguna situación vital oculta. Entre moros y gitanos. Mitad ojos de pedigüeños, mitad miradas de atracadores natos.
No es mucho beneficio que hago a esta nación, pero en honor a la verdad, dejo así reflejada mi primera impresión de Portugal para el recuerdo.
La salida fue sobre las 12:40 h. Nuevas formalidades en la frontera. De allí fuimos a la Guardia, pueblo pontevedrés con el sello de los demás de la tierra: verdor, agua, casas lindas dispersas.
Subimos al monte de Santa Tecla, a 350 m. En un recodo del camino nos esperaba la sorpresa. Sorpresa relativa que superamos enseguida. Un fielato.
El pago por la subida al monte, 35 pesetas por barba, o mejor, por cabeza o per cápita, que abonó doña Lola de los fondos o remanente.
La subida es larga, sinuosa y pronunciada; difícil, pues, pero vale la pena hacer la ascensión. El paisaje durante el trayecto es fenomenal, y desde arriba, único.
Ver el Miño entrar en el mar desde esta lejana altura es como pasear al modo de Miguel de la Cuadra Salcedo en su helicóptero en busca del tesoro.
Hay arriba un bar con una terraza que te hace creer que estás justamente en un avión. No se ve apoyo alguno, y la profundidad es escalofriante. Allí nos hicimos unas fotos y refrescamos con cerveza.
Ayer fue el día más completo y largo en cuanto a kilómetros se refiere: coche por la mañana, a mediodía, por la tarde y por la noche. Quedamos de coche hasta la corona de los Santos.
Lo soportamos porque ya de coche y de kilómetros vamos poco menos que inmunizados, Nos da lo mismo cien que mil. Cuando un indicador marca que solo quedan, pongamos por caso, mil km. suspiramos a una los expedicionarios diciendo: otra vez en casa.
Ayer, como digo, fuimos a conocer Santiago, La Coruña y otras poblaciones del norte gallego. Salimos temprano con bolsas de comida y llegamos sobre las 11:00 h a Santiago de Compostela.
La Catedral, nos dijo Mari Carmen por el micro, es románica y data del siglo XIII. Vamos, lo que se suele decir en estos casos. Lola nos instruyó asimismo, con el libro que tiene para estas ocasiones.
Y hasta, en su afán de que aprendiéramos, nos dijo cosas del Pórtico de la Gloria y del botafumeiro. El que estuvo silencioso ayer fue nuestro compañero Antonio Vicente, alias el ruso.
Estaba algo dolido por no haber llegado el primero al asiento preferente, junto al chófer, de donde se manipula la radio, se ponen los casetes de “ni más ni menos” o “ya viene el papá” de Peret y se utiliza el micro para que sigan los de atrás.
Fue un ligero descuido que aprovechó Lola y que sumió a Antonio en profundas reflexiones y hondas melancolías.
De estas cosas Serafina ni se entera. Serafina es una mujer bendita, sin pretensiones ni altas complicaciones Tararea canciones, por lo bajo, para ella sola o, a lo más, para el compañero de asiento y es feliz.
Serafina no ha cambiado de asiento desde que salió de Murcia. A Pontevedra, Serafina allí. A La Coruña, Serafina en el mismo sitio. A Corea del Norte o del sur igual. Este es el asiento de Serafina y nadie lo ocupa.
Serrafina y sus paquetes; siempre cargada de paquetes y callada. Ella a lo suyo. Un recuerdo; por si tengo que obsequiar a alguien. Y paquete va y paquete viene.
Por lo demás, sin pena ni gloria, sin problemas. Serafina es una mujer encantadora. En Santiago quiso que oyéramos misa por lo del jubileo y el año Santo. Lo consiguió a medias porque de la tropa la mitad, y creo que es mucho.
A estos jóvenes le tira más la discoteca. Le resbalan muchas cosas de iglesia y de Cultura. Creo que pasan de todo. Claro, algunos, que no todos.
Con decir que en ocasiones había que decir “vamos a visitar una fenomenal discoteca para conseguir que se dieran prisa”.
Concretamente en La Coruña, después de conocer la Torre de Hércules, con el faro más antiguo del mundo, según reza en los papeles, aunque de faro no vimos lo que se dice ni sombra de que existiera.
Quisimos ver la Colegiata, por su antigüedad y estilo. En fin, todo lo que se cuenta y al rato se olvida para nunca más recordar, pero que es obligado en este tipo de excursiones. Quisimos, repito, ver la Colegiata.
La Colegiata, dicho así sin adjetivos ni otras explicaciones aclaratorias, no decía gran cosa. Algunos jovencitos, que soñaban con volver lo antes posible al hotel, remolones iban detrás, y, oh feliz idea:
Don Antonio dice lo de que vamos a ver una gran discoteca. Las cosas se animan, el paso se aclara, nadie se queda atrás. Milagro. Serafina, que no sabe lo de la discoteca, mira asombrada y no puede por menos que exclamar:
¡Qué interés despierta la Colegiata en estas chicas, que vienen todas y tan presurosas! En fin, anécdota para el recuerdo.
Seguirá.
Comentarista: F. Tomás Ortuño.
Comentarios
Publicar un comentario