De nombres y tuteos.

 16 Mayo 2024: San Florencio

   Murcia, jueves, temprano. Sin novedad en casa. Que por otros sitios da pena. Te cuento;

   DE NOMBRES Y TUTEOS

   Tropiezo entre mis libros con un grupo de artículos míos publicados en paródicos, recogidos algún día para que no se perdieran.

   Van encuadernados y puse en la portada PUBLICACIONES DE PRENSA. Hoy te copio uno de esos artículos, publicado en EL MAGISTERIO ESPAÑOL, revista de los Maestros de toda España.

   Quizás te mande otros. Las fechas son muy dispares.

 

   Juan es un caso típico. ¿Qué nubes pasan por su cabeza? Ayer nos saludamos y me habló de usted. No es la primera vez que lo hace. Luego se apea y me tutea.

   Es violento hablar así, con libertad: lo tengo claro. Con Juan no cuento como amigo. Con el usted nos sentimos incómodos. Hablando, ciertas palabras restan libertad en las relaciones humanas.

   Son una barrera que impide el acercamiento, la intimidad. Es el caso de papa, papá y padre. El niño llama a su progenitor como le dicen de pequeño que lo haga: papá.

   Cuando va siendo mayor, le suena mal, ridículo, y quiere cambiarla por un papá tímido delante de otras personas. Entre amigos hablan del padre, y, claro, surgen las dudas.

   ¿Qué debo decir? -se pregunta: papa, papá o padre. A veces, si tiene que llamarle, opta por callar o por hacerle señas.

   Debería de enseñarse desde pequeños a decir lo que será de mayor. Se evitarían situaciones embarazosas luego, y hasta problemas afectivos que conllevan. Con los nombres de las personas, lo mismo. De niños llamamos al hijo Kiko, Cuqui, Cuco o Dani, que de mayor persiste.

   En casa hemos sufrido este castigo con los nombres: Francisco Amós renegará mil veces del capricho que tuvimos al ponerle para siempre compuesto tan descomunal. Para unos es Francisco Amós, para otros Paco Amós, para otros Paco, para otros Amós y para otros Francis. Un caos, que él debe aceptar resignado.

   Pascual Jesús lo mismo: para unos es Pascual Jesús. Para otros Pascual, para otros Páscual y para algunos Pascu. Se debía pensar con más seriedad en estos aspectos que llegan a influir en la manera de ser o de actuar luego.

   El niño se forma con el lenguaje de los mayores en sus primeros años, o meses, o días de su vida. Lo que oye por primera vez, lo está haciendo, le impresiona de forma que ya el resto de su vida decidirá en él.

   El chino sería español si al nacer le colocaran en una familia de españoles. Su lengua sería el español y aprendería a comportarse en español. Lo difícil es nacer y crecer entre chinos y luego venir a España a ser otro español.

   El niño se programa de pequeño, en los primeros días. Por eso cambiar el nombre cuando se es mayor no es fácil, ni prudente ni acertado.

   El usted entre personas, como digo arriba, crea barreras y distancias más sólidas de lo que parece. Lo admito entre desconocidos, quizás, o en el trato mercantil. Pero no lo tolero en la familia, ni entre conocidos. Es justo lo contrario de una franca y abierta amistad entre compañeros de un grupo.

   ¿Y en los Colegios y Universidades? El Profesor no deja de ser un amigo que posee la ciencia que debe enseñar. Eso no le autoriza a subirse en un pedestal para ser adorado por sus alumnos con el usted.

   Nadie como Profesores y Alumnos para tutearse. La relación entre ambos debe ser de confianza extrema. No es más el profesor que enseña que el discípulo que aprende. Personas todos, todas, que adquieren el compromiso, por bien de la sociedad, de enseñar y aprender.

   Relación abierta, amistosa, confiada y alegre es la que debe existir en los Centros de Enseñanza. Fuera, pues, el agobiante, asfixiante y repelente usted entre enseñantes y enseñados.


Francisco Tomás Ortuño. Director escolar. Murcia  

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