Pero él no es capaz.
18 Junio 2024
Murcia, lunes, temprano, sin novedad en casa.
Lo escribí en un periódico:
Amor propio.
Cada persona reacciona de distinta forma a los mismos estímulos. Por lo menos no lo hace exactamente igual. En nuestros actos hay siempre algo singular, personal, que los distingue y califica.
por eso, nadie se explicaba los motivos. Para muchos era difícil creer lo que veían. Solo dos personas conocían el secreto.
El se conocía bien. sabía de sus limitaciones. Era inferior a los demás, la vista no le ha acompañaba, y ¿por qué no decirlo? era lento para comprender las cosas.
Más de una vez se lo habían recriminado en el Colegio, en la calle, en su propia casa. Él se conocía bien. Pensaba a veces y se resignaba.
Su hermano era distinto. Para todos era distinto: más inteligente, más constante. Lo soportaba con elegancia, hasta con alegría. Era así y no podía cambiarse.
Hasta que una mañana escuchó sin ser visto, por azar, a su madre que decía: “Su hermano sí, pero él no es capaz”. Y esas palabras se le hundieron en lo más profundo de su alma, de su sangre”.
“Pero él no es capaz”. Las palabras de su madre le hirieron. Su propia madre le despreciaba así. Era un insulto, como un escupitajo en el rostro. Lo que antes fuera resignación estoica ahora se convertía en ofensa personal.
Aquellas noches no durmió. Preparaba a la sombra de sus desvelos, en el silencio de sus vigilias, las armas con que combatir.
Ël era, por encima de todo, un hombre. Con amor propio ultrajado, pisado. No podía dormir tranquilo. Estudió detenidamente su situación, dónde se encontraba, a dónde quería llegar y el esfuerzo que le supondría.
“¿No soy capaz?”, se repetía. Voy a demostraros lo contrario. La guerra fue tremenda. Era una cuestión de honor. Los días los hacía dobles para aprovecharse más de su tiempo.
De noche, trasnochaba hasta caer rendido. Las cejas se le tostaron al calor de la bombilla. Era una lucha dura, tenaz, él era capaz. Y la luz se fue haciendo para asombro de todos; se fue transformando por días.
Notas brillantes, consultas de compañeros, consejos de amigos, admiración de profesores, elogios, expedientes notables, se veía crecer, su esfuerzo era titánico, pero ya no se detenía, él era capaz.
Las palabras de su madre le quemaban dentro. Voy a demostraros lo contrario. Al fin, coronó su esfuerzo con la carrera brillante que se propuso para la que no era capaz.
En la cima del éxito se acercó a su madre para decirle: “Le debo mi carrera, mi esfuerzo, mi triunfo, porque un día dijiste que yo no era capaz. Quise demostrarte que tu hijo era tan capaz como los otros”. No quería que te sintieras avergonzada de mí.
Y ella repuso llorando de alegría: “Por eso lo dije, hijo, sabiendo qué me escuchabas. Desde entonces he sabido que llegarías, porque te conozco”.
Francisco Tomás Ortuño
Comentarios
Publicar un comentario