Llenar los días.

27 diciembre 2024: Sta. Fabiola Año: 362 – 4; Sol: 8´37-17´55; Luna: 5´26- 14´56

   Murcia, viernes, sin novedad aquí. Te cuento de atrás:

   3 de diciembre 1977.- Trece y martes, mal día para los supersticiosos. Yo soy “anti”, por eso espero que hoy sea para mí un día de suerte, que todo me salga bien.

   La superstición tuvo que darse mal hace milenios y siglos, cuando el hombre estaba menos desarrollado y comprendía menos la vida y su mundo mental.

   Con los años el hombre aclarará problemas de antaño y sentirá rubor de haber pasado por ciertas etapas de misterio e inmadurez. Es como un niño la humanidad, sin duda.

   Yo diría que vivimos hoy por los 25 años del hombre, cuando quedan todavía nieblas y sombras de la infancia y cuando ya se vislumbra una madurez adulta capaz de razonar.

   Cuando yo era niño, el día de los difuntos era para mí una pesadilla. Después mi razón me hizo ver con lógica adulta que no dejaba de ser un día como los otros.

   Con la superstición ocurrirá lo mismo. Con lógica adulta se disiparán tabúes y misterios que antes desconcertaban y hasta asustaban.

   Francisco Amós está conmigo. Tiene un libro abierto. Estudia los pueblos de algunas provincias. Yo no estudié los pueblos de las provincias en mi escuela.

   ¿Será por eso por lo que nunca he sabido si Monforte de Lemos es de Lugo o de Pontevedra? La misión esencial de la escuela es ofrecer al niño todo, enseñárselo todo.

   Los demás duermen, menos mamá, que ha ido a la plaza a hacer la compra. Son las 8:00 h de la mañana y casi es de noche. Días cortos pero densos sí nosotros los llenamos.

   Todos los días pueden ser maravillosamente largos, hasta en diciembre, si sabemos ocuparlos. ¿Habrá algo más grande que llenar días bien?

   Un día, todo un día para mí, nuevo, sin estrenar. Me siento creador, artista, ordenador. Hay que crear, hay que programar un día. Un día es mucho tiempo para dejarlo morir sin ocuparnos de él.

   Hemos de programar. Sí programamos bien, viviremos bien y tendremos tiempo para mucho. Hay que ordenarse ante un día nuevo. Esta ordenación previa puede acabar con posibles supersticiones.

 

  15 de diciembre 1977.- Estamos en los días más cortos del año. Son las 8:00 h de la mañana y es casi de noche. Nadie se mueve en la casa. Fuera, a juzgar por la ausencia de ruidos, tampoco.

   La gente descansa. ¿Cómo es posible que esta misma gente salga luego con gritos en algaradas callejeras? Ayer en Murcia vimos por la plaza de Santo Domingo una manifestación.

   Un centenar de estudiantes estaban reunidos. Cerca había policías con escudos protectores y cascos. Una guerra silenciosa. ¿Qué pasa?, dijimos a un joven.

   Solidaridad con el estudiante muerto ayer en Tenerife.

   Y es que en Tenerife las fuerzas del orden dispararon en otra manifestación de estudiantes y murió uno de ellos.

   Vida azarosa y cruel la de estos guardias, hombres jóvenes que no quieren pegar ni que les hagan daño; que solo quieren la paz, el orden y el bien de sus ciudadanos.

   Me los imaginaba ayer con los cascos que cubren su cabeza, tras los escudos que tapaban su cuerpo, suplicando que nadie gritará, que nadie se alterara, que el grupo de estudiantes se esfumara pacíficamente.

   Me los imaginaba contentos de vuelta a casa con el deber cumplido sin haber usado de gases ni cachiporras, besando a sus hijos y a su mujer como héroes.

   Pero pensaba que mañana saldrían otra vez de casa con la zozobra de quien tiene el peligro en la misma puerta, en la plaza próxima, en la esquina.

   Malos momentos para estos hombres que viven en tensión, con el miedo de no volver con los suyos en cada despedida.

                                          Francisco Tomás Ortuño.

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