Ir al contenido principal

Viaje a Fátima (11).

28 febrero 2024

   Murcia, miércoles, temprano, sin novedad. Sigo con mi viaje:

   30 junio 1987

   Bonita está la mañana. Madrugamos para salir hacia Mérida. Tras invocar la protección de San Cristóbal, proseguimos nuestro viaje. Felicidad en los rostros. diría que asoma un dejo de amargura porque el viaje toca a su fin.

   Fina irrumpe con el canto a Murcia, que todos seguimos entusiasmados. No cabe más alegría en todos los presentes. Se canta y se ríe, se siente paz y gozo, que, en definitiva, son la fuente de esta explosión de felicidad.

   Mérida fue una ciudad romana. Entre sus monumentos conservados destacan el Teatro -año V a. de JC. con su gran escenario frente a un hemiciclo donde cabían 6000 personas. El Anfiteatro, año VIII a. de Cristo, con capacidad para 14000 personas.

   ¿Quién no piensa allí en las escenas de los gladiadores, que luchaban a muerte: “Ave imperator, morituri te salutant”, los que van a morir te saludan?

   El circo, otro monumento para espectáculos públicos, a los que tan aficionados fueron los romanos. Cerramos los ojos y nos parece ver a los cuadrigas fustigando a sus briosos corceles en alocada carrera.

   Estos restos invitan a la comprensión de dos mundos -pagano y cristiano- en un escenario milagrosamente común. ¿Cómo hoy, después de milenios, seguimos con luchas fratricidas como entonces?

   Don Manuel recoge a mogollón imágenes con el tomavistas. Amós se muestra escéptico, pero siente curiosidad y respeto delante de las piedras milenarias y mira atento a cuánto se ofrece para ver.  ¿Por qué no limpian estas columnas y las pintan? Estarían mejor.

  Es una broma suya que desconcierta a quien no le conoce bien. Don Antonio va por folletos a la Oficina de Información y Turismo. Reunir estas hojas bellamente ilustradas, es su debilidad:    Plasencia, Mérida, Monasterio de Guadalupe…

   Visitamos las termas y otras salas. ¡Pero qué sibaritas debieron ser estos compatriotas nuestros! Junto al Teatro se  El Museo Nacional de Arte Romano, que visitamos con detenimiento.

   Don Manuel y su máquina son inseparables. Como después veremos aprovecha siempre la ocasión para que salga su señora, Angelita, quien desde luego realza cualquier decorado romano por bello que éste sea.

   La mañana transcurre sin prisas. Es la nuestra una paz serena que no queremos romper. El grupo discurre por entre restos cargados de historia: de figuras mutiladas, de patricios y emperadores:

   Tiberio, Calígula, Claudio -el sandio Claudio-, Nerón -el loco y depravado Nerón-, Trajano, de Itálica, a orillas del Betis, de la que solo quedan sus ruinas.

   Alberto, con su expresión inteligente y sus ojos cargados de bondad, mira arrobado los mosaicos que se exponen en la pared. Cuando nos cruzamos nos sonreímos en señal de connivencia. “Lo del hermano de Francisco, no está muy claro”, nos decimos”.

  Es Alberto un joven de simpatía desbordante, contagiosa, aunque no hablé. Es fácil augurarle un porvenir brillante en su apostólico trabajo. De nada, Alberto.

   Y Cándida, con mi señora del brazo. Pero Cándida, ¿es que te has propuesto separarnos? Donde va la una va la otra. Cándida, como su nombre, encantadora mujer, Nuestra amistad viene de largo.

  Compañeros maestros, pasábamos con su marido, don José, tardes deliciosas en su casa. Su hija Matilde, nos deleitaba con el piano. ¡Quien nos iba a decir entonces, Cándida, que 25 años más tarde nos veríamos en este viaje Mariano! don Francisco que todo lo lleva puntualmente kilometrado con el tiempo, ordena seguir hacia Guadalupe.

   Anita, su mujer, orgullosa de sentirse la primera dama como Nancy Reagan poco más o menos, mira embobada a su marido cuando habla. Quizás sea polémico lo que voy a decir, sobre todo en los tiempos que corren:

   “Nunca la mujer alcanza mayor feminidad, ni mayores cotas de atractiva belleza, que cuando está sometida al varón y se siente pequeña y necesitada”. Locos empeños de igualdad cuando se trata de cosas diferentes.

   En su logro estaría su derrota. Tomad ejemplo de Anita, me digo para mí, mujeres, y abandonad esos deseos vanos de querer ser lo que va contra Natura. 


Continuará.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Llenar los días.

7 del 8 del 78.

Ritmos biológicos.