Viaje a Fátima (5)

 21 febrero 2024

   Murcia, miércoles, sin novedad -si no es novedad que han avisado que podemos recoger los libros que llevamos del 2023-. Te cuento lo que contaba de un viaje a Fátima:

   Día 26. La prensa de la mañana, diario regional “Hoy” de Extremadura, trae en primera página, con grandes titulares, “Otra explosión en Barcelona”, lo que significa que en cuanto a noticias  hemos variado poco.

   Tras el desayuno, vamos a la Catedral, que no está lejos del hotel. La recorremos por sus cuatro costados: por dentro y por fuera, contemplamos las vidrieras de sus grandes ventanales, los arbotantes, las torres como flechas. Luego oímos Misa.

   La mañana queda libre hasta el mediodía. Unos van por un lado y otros por otro. Los grupos, unos prefieren deambular por calles y plazas, otros visitar iglesias y estudiar arte.

   Para mí el encanto se encuentra en andar sin rumbo. Mirando a la gente. se advierte como son por su forma de mirar, por sus gestos, por su manera de decir.

   Es algo indefinible que el espíritu capta sin equivocarse. Esto tiene para mí un encanto singular.

   sentir palpar ese modo de ser de las personas, su señorío en nuestro caso de conquistadores natos, o el espíritu sumiso que mira con miedo al señor de turno; cada pueblo, como las personas, se manifiesta cómo es cuando obra libremente.

   Descubrirlo es un deporte apasionante. Cáceres está incluida en el catálogo del Patrimonio Mundial, es ciudad monumental toda ella, y esto se ve pronto, produce sensación de reposo, de grandiosidad, de voluntades firmes.

   El Arco del Cristo es la puerta romana que queda entre sus murallas; el Aljibe de la casa de las veletas surtía de agua a la población hasta épocas relativamente recientes, los templos de Santiago y de Santa María de estilo entre románico y gótico incipiente.

   La Casa de los Golfines, ya del siglo XVI, con fachada  plateresca, contrasta con la sobriedad del resto cacereño.

   Diré como un aparte en este punto de mi crónica, que en los golfines de aquí y los golfines de más allá no supimos si se trataba de unos señores maduros que no llegaban a golfos, que se quedaban en puertas de serlo, vamos que les faltaba un pelín como quien dice para ser bahías de campeonato o por el contrario si serían niños traviesos que merecieron este nombre.

   Lo cierto es que a todos no picó la curiosidad por conocer estos Palacios de dueños tan extravagantes. Continuará.

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