Viaje a Fátima (8).

24 febrero 2024

   Murcia, sábado, las nueve, sin novedad. Sigo con el viaje a Fátima en Junio del año 1987:

    

   Pascuala, mi mujer, la está gozando de verdad. Sé que su devoción a la Virgen es de excepción, qué grande su amor por ella desde que se conoce y compruebo que está viviendo momentos emocionantes como nadie pueda sospechar.

   Anoche estaba nerviosa: no podía creerse que estuviera donde la Virgen se apareció. Algunas veces me pregunto si tendrá algo que ver en su conducta el hecho singular de haber nacido justamente un 13 de mayo.

   Pero, ¿qué tiene Fátima que enamora de tal modo? ¿Es el aire? ¿En la tierra? ¿Qué tiene Fátima? Es una Virgen que está ahí, que habla, que dice cosas, con la que todos hablan.

   Decir cómo es la Procesión de las Antorchas es difícil, impresionante, multitudinaria. Semeja un poco a la plaza de San Pedro del Vaticano. También al estadio Bernabéu cuando el papá Juan Pablo II vino a España.

   Jóvenes y mayores se apiñaban para verle, para estar más cerca, para sentirlo próximo. La procesión de las antorchas a las 23:00 h de la noche es como la plaza de San Pedro, como el estadio a rebosar.

   Es un río de personas de todo El Mundo, que canta a la Virgen, que reza en voz alta. Impresionante. En el dolor -pero cuánto dolor-  hay alegría. Es un corazón solo que rebosa amor.

   ¿Que tiene Fátima que enamoras de tal modo? “Tus ojos son, Virgen Santa, dos manantiales de luz”. ”Hagamos una tienda y quedémonos aquí”. ¿Qué tiene este rincón de Portugal? Pero si dan ganas de quedarse para siempre.

   28 junio .- Domingo. ¿Quien que no haya estado puede imaginarse algo parecido? Hemos vuelto a la Basílica, a la Capelina. La vida de Fátima tiene su centro allí.

   Miles de personas congregadas. lenguas distintas, nacionalidades distintas, colores distintos, pero un mismo credo. Cincuenta, ochenta, cien sacerdotes detrás del altar.

   Y la Virgen, que ha sido llevada en procesión, como una más, entre los fieles, ¡qué devoción! Finalizada la Misa, el flamear de pañuelos, cuando la vuelven a su capilla, es de lo más emotivo que pueda imaginarse.

   El viaje a Lisboa ha tenido dos paradas en el Camino: La primera en Batalha para conocer el monasterio o convento real de Santa María de la Victoria, una de las más grandes y monumentales obras arquitectónicas monásticas de Europa.

   Su construcción se debió a la victoria precisamente en Aljubarrota de los portugueses contra los españoles, en el siglo XIV; algo así como hizo Felipe II, dos siglos más tarde con El Escorial al vencer a los franceses en la batalla de San Quintín.

   Y esto no es óbice, claro, para que tanto españoles como franceses reconozcan el gran valor artístico de estas obras.

   la segunda parada se hizo en Alcobaça para conocer el Monasterio de Santa María, cuna de la cultura portuguesa. También se debió su construcción a las promesa de un rey -Alfonso Enriquez- si ganaba una plaza a los moros en la reconquista.

   Las obras son tan colosales que hacen sonreír pensando en tales votos en tiempos de gran penuria de la nación, como estos Reyes pensarían en obras de tal calibre como si nada.

   “¡Si gano la guerra construyó “una choza” en la huerta! ¿Pensamos cuánto supondría entonces estas obras? Pero ahí están. Es lo cierto: no podríamos contemplar hoy estas joyas del arte medieval si no hubiera habido Reyes locos que ordenaran su construcción entonces.


Continuará.

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