Viaje a Fátima (9).

26 febrero 2024

   Murcia, lunes, temprano, sin novedad. Sigo con el viaje a Fátima:

 

   La entrada a Lisboa va precedida por el saludo cordial del Tajo, que nos recibe y nos acompaña, nos da la bienvenida. El Tajo en su largo recorrido, hace como el Guadiana: aparece, se esconde y vuelve otra vez.

   Algo travieso, juega a ofrecerse rendido y a perderse esquivo después. Lo hemos llevado con nosotros, en este juego al escondite, desde Toledo.

   Demetrio es un profesional de categoría. Sin dudar ha llegado a la misma puerta del hotel Berna. Yo admiro a estos hombres serenos, responsables, de buenos reflejos y con un sentido de la orientación fuera de lugar.

   Demetrio merece el mayor aplauso de los que vamos con él. La primera impresión de Lisboa es pobre. Quizás sea prematuro el juicio, pero la cochambre y la suciedad saltan a la vista.

   De hoteles, el menos favorecido de cuanto llevamos vistos, El comedor, ruidoso por demás y descuidado. Es otra cosa. En el ambiente se nota que hemos salido perdiendo.

   29 de junio 1987.- San Pedro. La puerta del hotel parece un mercadillo: telas, sellos, postales… Cada uno ofrece como puede su mercancía a los que se deciden a salir a tomar el fresco.

   Una mantelería por aquí, unas toallas, unos paños de cocina. Hemos oído Misa en una iglesia grande, de enormes cristaleras policromadas; mejor dicho, en una capilla de la misma,

   Nuestro querido don Silvestre, ayudado por don José, ha dicho su Misa debajo de la escena bíblica de la curación de un leproso.

   Cuando salíamos, un cura menudo, de barba blanca, decía también Misa en el altar mayor. Antes de salir, contemplamos una imagen de la pasión impresionante: la caída de Jesús, del año 1931.

   Contemplar la ciudad en unas horas parece imposible, pero ahí está otra vez nuestro dilecto amigo de la Alberca, que está por ganarse al respetable, Expone el tipo y nos hace de guía, por si fuera poco, y de guía excepcional.

   por la Vía de la República -Vote PRU, CDS- nos lleva a los Jardines de Eduardo VII ,hoteles de gran lujo. ¿A la derecha? No a la izquierda, Hotel Ritz. Hotel Meridie ¿A la izquierda? No, a la derecha.

   Avenida de la Libertad, con bancos, hoteles y centros oficiales. Banco Nacional de París. Un jardín con palomas. “Hasta las palomas están negras”, dice Carmen con ironía.

   A la izquierda queda el Castillo de San Julián, del que se ven las almenas. Llegamos a la calle del Oro, donde las mujeres pueden vaciar los bolsos de dinero.

   La policía, con traje gris, pasea por las aceras. El puerto, con la estatua ecuestre de rigor en su plaza. Al fondo vemos un velero precioso con marineros colgados en él velamen. Pobreza a babor. Casas ruinosas con ropa tendida,

   Las fachadas son de mosaico antiguo. Hay negros por todas partes. Uno saca sobre la marcha una botella con vino de su bolsa que cuelga del hombro y bebe un trago largo sin importarle que lo miren. Tranvías con sus troles como en España hace 40 años.

   El puente de tres kilómetros, que cruza el río por su desembocadura, nos sobrecogió a todos. A la izquierda se alza un Sagrado Corazón, que sobrepasa el puente. Río, mar; mar y río, todo es lo mismo.

   Cuando se juntan el mar y el río se abrazan felizmente debajo del puente. Monumentos a los descubridores. La Torre de Belén. “Hubo otra torre gemela que desapareció”, nos dice nuestro guía.


Continuará.

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