Viaje a Fátima (2).

Con su locuacidad habitual y psicología manifiesta, nos mostró, por así decir, lo que íbamos a hacer en nuestro largo recorrido. El lo llevaba en su mente desde antes de salir y quería que gozáramos desde el comienzo de las delicias que viviríamos luego.

   En seguida una música deliciosa que parecía de los propios Ángeles, nos fue adormeciendo a casi todos los viajeros, “Hasta La Roda haya paz, que luego pondremos un video”, algo así se dijo por el micro, por lo que algunos soñamos con un ligero descanso apropiado a tales horas mañaneras.

   Pero allí estaban Lola y María Gloria, que no dejaron parar a nadie; eran un volcán, un ciclón, un seísmo de esos que marcan 8 en la Escala de Richter.

   Joaquín y Paco, sufridores más próximos, no abrían la boca. Es que no podían, como el perro del fragüero -pensé- que dormían mejor con los ruidos de su consorte.

   Y allí estaba Carmelo, quien, con toda suerte de detalles contó sus aventuras y desventuras por Francia el año pasado: que si se hizo el tonto para estar sentado en primera fila, que si la historia del amanecer del ascensor…

   Total, que pasamos como una exhalación por Cieza, dejamos atrás Hellín, avistamos Albacete, y de dormir nada. Cosa que, al fin y a la postre, agradecimos los compañeros, pues pasamos un rato delicioso y contemplamos un bello amanecer, que, de otro modo, se hubiera perdido. 


Continúa.

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