17 de julio de 1987.
8 marzo 2024 : Santa Perpetua
Murcia, viernes, temprano, día primaveral. Sin novedad en casa, si no es novedad que Alba dá conciertos y gana premios de guitarra por diversos puntos de la Región.
Sigo contando de otros años, siglos y milenios en que mis hijos eran como ahora son sus hijos:
17 julio 1987.- Domingo, fresco y ventosillo está el día, aunque azul y sin sombra de nubes.
El tema es obligado: hay días que destacan sobre los demás. Cruzamos uno de esos momentos en que la lucha generacional se hace patente, con nitidez asombrosa.
Pascual Jesús anoche llegó más tarde de lo previsto. Mamá no vive con los hijos, y eso que son buenos a más no poder. No concibe estas trasnochadas.
Las madres, desde que nacen sus hijos, ya no son ellas. Quiero decir que viven más por los hijos que por ellas. Toda su vida se desplaza hacia los hijos. El centro de gravedad de su existencia pasa a otro lugar.
El esposo, incluso, es una pieza decorativa en la casa para ella. Antes de tener los hijos, el marido es la pieza necesaria, el instrumento, para tener a sus hijos.
Todo en la mujer gira sobre los hijos. La maternidad es su vida. No vive sino para ser madre. Antes, durante, y después, la mirada está puesta allí, en esa función que tiene por naturaleza.
No es otra cosa la mujer que el horno para cocer la vida que llega. Así se explica que Pascuala estos días no duerma con los pequeños problemas de los hijos.
¿Qué sería si fueran abultados? Se moría. Digamos que un hijo se diera a la droga, o que fuera subnormal, o que muriera en una reyerta o accidente.
Viven los problemas de los hijos como algo que le atañe a su propia naturaleza. Ellos son su vida, más que la suya propia.
Por historia conocemos los bandos del siglo pasado, entre liberales y tradicionales. Mi mujer es de las segundas; y precisamente hoy se vive el progresismo descarado en todos los frentes de la vida.
La cultura, el progreso, la corriente de la vida, no pueden quedar paradas, estancadas, detenidas, Es algo natural que el río siga su curso, y nadie ni nada sea.
Los jóvenes tienen cada vez patrones nuevos que su momento les crea, y nadie puede ni debe procurar que se ajusten a los que ya perecieron, a los desfasados.
Y ese, justamente, es el problema que hoy tenemos aquí. Los hijos son de ahora, tienen un patrón singular, y nosotros no debemos cambiarlo.
Creo que dije antes que, como nunca, hoy los jóvenes deben ser responsables, porque el ambiente es propicio a caer en situaciones difíciles: droga, desenfreno, pruebas, etc. que nos ofrecen a manos llenas todos los medios.
Como resumen, diré que veo la situación nuestra hoy normal, que nada sale de sus cauces, y que el destino juega su papel como siempre, que debemos respetar. Continúa.
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