El teléfono.
24 Agosto 2924
Santana, sábado, temprano, sin novedad. No habré dicho estos días que Ángel volvió de Kuwait; que Lina visitó a Emilia, la monja, en el convento de Paterna; que Francis le regaló una foto enmarcada con su prima Pascuala, cuando tenían ambas diez o doce años y le hizo mucha ilusión, y cosas así.
Te cuento cosas del pasado:
1 noviembre 1993.- Pues no, no es lo que dije ayer, que “el hombre propone y Dios dispone”, que dice el refrán. Solo fueron Pascual y Toni a Almendricos. Ahora, las siete de la tarde, vienen de vuelta, según me comunica Francis por teléfono.
Dichoso inventó el del teléfono, ¡Cómo nos acerca en el espacio! Es como suprimir de golpe las distancias: ¿Valencia?, como detrás de uno; Almendricos, aquí mismo; Hungría, a un paso; América, Australia o Japón, todo el planeta reducido por el teléfono.
¡Qué gran invento el suyo, señor Bell! “En 1854, el francés Bourseul expuso los principios teóricos del teléfono eléctrico “, Larouse.
“Hacia 1861, el alemán Reiss construyó un aparato al que denominó teléfono, que solo transmitía la altura del sonido y no la intensidad ni el timbre, por lo que no podía transmitir la voz humana”, “cosa que consiguió Graham Bell el 10 de marzo de 1876”, Larousse.
¡Quién sabe si el parto de estos días, la clonación esa que fabrica niños iguales, tiene en el futuro tanto éxito! Tampoco es cosa nueva, como no lo era el teléfono cuando lo ofreció Bell.
“A partir de un óvulo podemos obtener niños idénticos”. Ahí queda. Cuántas y cuántas consecuencias se pueden derivar de tal afirmación. La iglesia ya ha levantado su voz pidiendo cordura y sensatez,
Otros dicen que por qué la ciencia tiene que cejar en sus descubrimientos. La polémica está servida. Quién pudiera ver los resultados a la vuelta de 100 años como ahora hacemos con el invento de Graham Bell.
¿Te imaginas fabricar en serie a los niños como en una fábrica de muñecas? ¿Serían iguales solo de físico? ¿Iguales en todo?
Francisco Tomás Ortuño.
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