22 de julio de 1987 (2).
13 marzo 2024
Murcia, miércoles, tiempo bueno otra vez, temprano y sin novedad en casa. Te cuento:
22 julio 1987.- A la vuelta fuimos casa de la yaya Isabel. Mamá no podía dormir con la ropa sucia que trajeron los del campamento. Mamá es así.
Que la mujer es pieza clave en la casa, no tiene vuelta de hoja. Gabriel y Galán dijo en un poema: “Yo aprendí en el hogar, en que se funda la dicha más perfecta; y para hacerla mía, busqué una mujer como mi madre entre las hijas de mi hidalga tierra”.
La mujer es fundamental: o lleva la casa como la espuma, o la hace un desastre.
Yo vi esta mañana un rato de tele: ni vi empezar ni terminar programa . Vi solo un rato imágenes agobiadas con problemas de todo tipo: familias angustiadas, amigos que se acusan, amores no correspondidos…
No había en ningún personaje paz y serenidad de las buenas, como la de mi mujer, que es feliz en su vida poco complicada, discreta.
La mujer tiene que ser así, como la violeta: sencilla, humilde, escondida; y, al mismo tiempo, limpia, preocupada por los demás.
La mujer o es mujer o es demonio. Si es lo primero, su hogar brilla; si lo segundo, se pierde estrepitosamente. Se dice con verdad que el día de la boda o te naces o te mueres.
Lástima grande que no se pueda saber a tiempo el fruto que va a dar: “si será una Rosa o será un clavel”.
Aunque para mí que algunos indicios claros de lo que será más tarde, si los hay. Es cuestión de fijarse bien.
Yo diría a mis hijos:
Huye de la mujer que no goce trabajando en las faenas de su casa. Huye de la que beba o fume. Huye de la que mira con ansiedad a los hombres, porque no se conformará con uno.
Huye de la que gasta sin ton ni son, porque nunca tendrá lo suficiente, y para qué seguir.
Indicios, claro que los hay. Es cuestión de coger la lupa.
Continuará.
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