23 de julio de 1987 (2)
15 marzo 2024
Murcia. Viernes, temprano. Sin novedad. SSgo con mi Diario de ayer, que visité a mi buen amigo Celestino:
23 julio 1987.
Cuando pasé por la casa de Celestino, por un impulso cuasi reflejo, llamé al timbre de su puerta.
Me abrió él mismo y entramos. Saludé a su hermana Margarita y hablamos como otras veces en el porche, junto al patio.
Sigue esta casa como antes: acogedora, cómoda, tranquila. Se respira una paz allí difícil de expresar. Parece que el tiempo está detenido.
El porche grande, el patio al fondo, las escaleras que llevan arriba…… todo como hace veinte años, veinticinco años, treinta años, cuando pasábamos ratos de tertulia con sus padres.
Celestino encontrará en su casa de la calle Lerma el sosiego que, quizás, no encuentre en su nuevo hogar de Cánovas, junto al Teatro Vico.
Su nueva vida de casado, con su mujer y sus hijos, sus muebles caros, deben ser para él un sucedáneo en su vida, algo accidental y extraño.
Lo suyo, lo esencial, lo profundo, seguirá siendo su casa de la calle Lerma, donde tiene los recuerdos de su infancia, de su juventud.
Alguna vez, Celestino pensará que está soñando en la nueva vida de sus cincuenta años. Creerá que no es verdad que ha salido de su hogar paterno.
Si le fallara la memoria, si el riego sanguíneo no llegará a su cerebro, si padeciera de amnesia, pensaría que su vida terminaba allí, justamente con su boda, cuando tuvo que abandonar la casa.
Continuará.
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