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26 julio 1987.

18 marzo 2024

   Murcia, lunes, temprano, fallas en Valencia, sin novedad wn casa. Continuación de lo que contaba ayer:

 

   Su deseo -de los jóvenes- de trabajar es manifiesto, como de ganar dinero. Por eso está pintando Ángel rejas y puertas a granel como un profesional, porque se siente mayor y porque le reportará algún dinero.

   A la edad de estos jóvenes, darles trabajo y modelos de vida adulta sería lo suyo. Ellos pondrán lo demás. Hoy la sociedad es una guerra abierta entre jóvenes y padres. Los unos tienen la fuerza, los otros los medios.

   Me recuerda a lo que pasó un 14 de julio en Francia con la Bastilla. Algo parecido puede ocurrir aquí. Los jóvenes un día no se resignarán a seguir dependiendo de los mayores.

   ¿Pero no lo estamos viendo ya con atracos y muertes? Son los jóvenes con su fuerza y su violencia los que luchan a brazo partido por el poder del dinero.

   ¿No están ocurriendo todos los días secuestros, atentados, robos, lucha sin cuartel de unos contra otros?  Dos mundos que no se entienden ni quieren dialogar. Hay que pactar de una vez para que haya paz.

 

   Lina y Miguel bajan a la piscina. Me dicen por la ventana que vaya con ellos. El día y la hora piden un baño. Ayer la pareja se bañó con Javi, que lo trajeron a pasar la tarde. Siguen tan amigos como siempre.

   “¡Voyage, Voyage!”, se oye en la radio. Es la canción de moda este verano. Lo canta una voz deliciosa de mujer. ¿Es de mujer o de hombre? Iré a reunirme en la piscina con Lina y con Miguel.

 

   26 julio 1987

   Pues llovió ayer, día de Santiago; llovió en Jumilla y en el Roálico. No llegó la sangre al río, pero llovió. La tarde, caliginosa y fría, presagiaba tormenta, pero no llegó a correr el agua.

   Solo temores. Se tenía en cuenta la fecha, por lo del año pasado. Santiago nos trae agua y a veces piedra. Todo quedó en el susto. Y hoy brilla de nuevo el sol, como es natural en estas fechas.

   Francisco Amós llegó cuando caían unas gotas. “¡Ah, del Castillo!”, gritó abajo, “¡qué me mojo!”. Las puertas de hierro estaban cerradas. Bajo Miguel y subieron deprisa. Francisco Amós llegaba de Murcia sobre las diez de la noche.

   Día de Santiago, día de la valla en el chalet, y día de pintores. Los obreros llegaron temprano y empezaron a trabajar. Los unos -tres- a poner postes para la alambrada; los otros a pintar que era lo suyo.

   A mediodía plegaron unos y otros. Los primeros dejaron, como aquellos de la luna en el 69, unos diez palos metálicos a prueba de vientos; los segundos pintaron comedor y estudio.

   Hoy la escena se repite: los valleros en sus vallas y los pintores arriba con el estudio de fuera.

   Francisco Amós duerme a pierna suelta. Se ve que lleva el pobre más sueño atrasado que el perro de un ciego. ¿Por qué que el perro de un ciego? luego bajará al pueblo por la Yaya y por Pascual que ha dormido en su casa.

   Ángel subirá en la moto porque lo que es dormir esta noche no sabemos dónde habrá dormido. Pensamos que también con la Yaya, por la noche que hizo santiaguina.

   Los pintores son tres, como las hijas de Elena. Dos de ellos y una chica que limpia y ayuda. Los valleros fueron tres y hoy solo son dos. Uno, Castor, se quedó en su casa. Ccontinuará.

 

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