En el chalet, año 1987 (2).
6 marzo 2024
Murcia, miércoles, ocho y media. Sin novedad. Te cuento del 37:
17 julio 1987.
Muchos sietes trae este día. ¿Que nos deparará? Sigo creyendo que es una lotería el destino. Que jugamos a encontrarnos la sorpresa en cada instante.
¿Que nos dará el de hoy, que nace silencioso, apacible, quedo? Hay que mirar con recelo, o con curiosidad, porque la sorpresa puede saltar cuando menos se la espera.
Sorpresa tras sorpresa fue el día de ayer: Pascual Jesús recibió una llamada de Murcia para que jugara en la Liga la próxima temporada. Para él puede ser la noticia inesperada.
Que juegue un papel importante en su porvenir. ¡Cómo juega el destino solapadamente, sibilinamente, calladito, calladito! Jugar puede significar abrirse una prueba a la fama, al triunfo, al cambio de rumbo.
“Quién iba a pensar”. Pues sí, ahí está el misterio, la vida misma, que marca rumbos a las nuestras particulares. ¿Quién iba a soñar? Es el destino que se presenta de la forma más rara y anodina.
Es Dios, llámale como quieras. Lo cierto es que somos dirigidos por una fuerza superior. ¿Queréis vender el piso? nos dicen de sopetón también ayer mañana. Pues hombre, lo estamos deseando respondemos asombrados.
Hay quien lo compra. Y vemos a Emilia, la prima, que tiene un amigo en Cieza que compra el piso. Todo normal y todo programado por manos misteriosas.
El destino, la providencia, la suerte, lo que quieras, pero algo fuera de no nosotros, que maneja nuestros asuntos con precisión matemática, puntualmente. ¿Lo venderemos? ¿No lo venderemos? Esa es otra cuestión.
Se oye ruido de noche que sube hasta aquí. ¿Será nuestro vecino, que baja y sube, que sube y baja, y no termina de aterrizar? Lo que es dormir, no duerme en el chalet.
Que si una mujer a limpiar, que si un jardinero a poner, que si un albañil a obrar, que si un mueble nuevo… pero de quedarse nada de nada.
Nuestros vecinos son algo especiales. Como si disfrutaran con poseer y no con descansar. Algo así como el avaro que solo sueña con riquezas y no sosiega en su empeño de seguir acumulando tesorillos.
Algo así como el trabajador empedernido que no duerme por seguir en el tajo, en la brega, en la lucha. En fin, cada persona es un mundo, y cada cual la goza a su manera.
He dicho que cada cual la goza a su manera. No es eso precisamente. Afinando más, observando mejor, se ve que cada cual está constituido de modo que no puede actuar de otra manera.
Otra forma de destino. No pueden. No es que ellos elijan la forma de ser o de actuar: es el destino, Dios, lo que quieras, que les impide, les obliga, les hace obrar así.
Amos y Pepa vinieron de Cartagena y se fueron a Santa Pola. Pero hombre de Dios, ¿es que no reposáis? Si estamos en la playa todos los días a la playa. Si José María en Santa Pola, todos los días allá.
Reposad, hermanos, digo yo, y digo bien. Los nervios os dirigen, os llevan en volandas, os mandan. Es otra vez el destino o lo que quieras poner. Un día ocurrirá algo malo en la carretera y será todo tan lógico como un amanecer.
Los perros del vecino ladran. Quiero decir que sus dueños están aquí. Los animales se expresan a su modo y uno termina comprendiendo su lenguaje. El Yung está más viejo y cochambroso que un mendigo sin afeitar ocho días.
Encima es más tonto que un subnormal profundo. Le da por comerse el rabo y arma cada trifulca a su alrededor persiguiéndose a sí mismo en alocadas vueltas que dan ganas de perderlo de vista.
Su compañero de destierro es Siro. Este chucho es otro poema viviente. Se va, se viene, y no termina de quedarse tampoco. No pasará a la historia perruna por nada importante que pueda haber hecho en su perra vida. Seguirá.
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