San José 2024
19 marzo 2024 : San José
Murcia, martes, temprano, sin novedad. Sigo con lo que contaba el siglo pasado:
María Dolores nos abocó la noticia de que su hijo Alejandro aprobó en Madrid sus exámenes pianísticos.
¡Enhorabuena, joven! La vida se te ofrece de color de rosa. Boda a la vista habemus. Novia feliz. Alejandro hoy debe ser la felicidad personificada.
Pero, como no hay bien que cien años dure, pronto aparecerán lunares, manchas, nubes, que enturbiaran su actual dicha de impoluta blancura. C´est la vie!
Los albañiles pasan por detrás de mi ventana. Suben y bajan cubos de cemento que amasan en la puerta de la cochera. No es terreno de su devoción lo de subir y bajar cargados tanto monte.
No les gusta ni poco ni nada la faena, pero el pan hay que ganarlo con el sudor de la frente y el esfuerzo de los riñones, aunque no lo dijera el Maestro.
Los sobres los tengo preparados: Por fin, llegó la factura de la zanja. Con carta y factura, hoy llegará cada sobre a los interesados.
¿He dicho interesados? Nunca menos interesados los hubo. Mejor, “a los vecinos destinatarios”.
Me temo una reacción de protesta para no pagar: Victorio Esteban dirá que con la boda no puede ahora; Valero que él no mandó hacer zanjas; Miguel “el de la cerveza”, la callada por respuesta; y José Antonio que lo tratará en familia.
Le darán cien vueltas al tema, les quemará el papel en las manos, lo dejarán y lo volverán a coger. Y al final, cuando nos veamos en alguna parte, me dirá: “Aquí no llevo el dinero de la zanja”.
Esta creo que será la historia de la factura de Cardenal. Pero es lo mismo, yo me haré cargo de tales situaciones, que las encuentro lógicas.
En cualquier caso, a nosotros nos hacía papel la murallita y ahí está. Cuarenta y dos mil pelas, ¿qué son 42.000 pelas para nosotros?
Francisco Amós se ha levantado. Lina quiere irse al pueblo con él. Yo sé que es por traerse a María Elena. Lina lo pasa bien con María Elena.
El año pasado durmió en su casa y fueron a la feria por la noche. Guarda Lina buenos recuerdos de aquellas veladas.
Lina y María Elena son parecidas: a ninguna le gusta limpiar la casa, ni coger bolis para escribir. Lo suyo es más cómodo, oír música y bañarse si hace buen tiempo.
Los pintores hablan arriba. Creo que desayunan. Los valleros pasan y vuelven por la ventana, a dos pasos de mí.
El segundo camión del agua vendrá ahora.
¿Y vendrá?
Pues ¿qué ha de hacer?
Vendrá porque querrá cobrar. Haciendas a medio no merecen pecunio.
Continuará.
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