El concejal de Ceuta.

20 abril 2024 : San Aniceto 

   Murcia, sábado, temprano, sin novedad.

   PARA PENSAR: He descubierto el arte de engañar a los diplomáticos: les digo la verdad y nunca me creen.

   REFRÁNES OPTIMISTAS:

   Quien canta, su mal espanta.

   Alegrías y pesares te vendrán sin que los buscares.

   Quien no se arriesga no gana.

   Quien vive con compañía, vive con alegría.

   El tiempo todo lo cura.

      

   Sigo con el viaje de hace cuarenta años: Ocurrió en Ceuta. Don Antonio, al pasar la Aduana, tuvo problemas. Mejor, diremos dificultades. O, si se quiere, su graciosa anécdota.

   Hay que reconocer, con sinceridad, que don Antonio es lo más parecido a un marroquí que pueda haber.

   Él lo sabe. Por eso, cuando la policía le echó la vista encima y le preguntó: “¿cuál es su nacionalidad?”, nos reímos todos.

   - “Soy español, de Murcia, pijo”, contestó enseguida.

   Pasó por el control aduanero, y el Guardia Civil de turno se le quedó mirando de arriba abajo. Cuando Antonio, algo nervioso, creyendo que le iban a preguntar de nuevo de dónde era, empezó a mostrar sus numerosas compras.

   El Guardia le dijo: “¿Cuánto le ha costado esa cazadora?”. Y es que llevaba puesta la chaqueta de cuero que había comprado por 7.000 pesetas.

-   ¿Que cuánto me ha costado el qué?

-   Oiga, ¿es que se cree que me chupo el dedo?, dijo un tanto mosqueado el policía.

-   Ah, la cazadora. Me han estafado bien.

-   Que cuánto le ha costado, digo.

-   Bastante más de lo que vale.

-   Si tarda en decir el precio, no sé cómo hubiese acabado el debate aduanero.

 

Por las calles de Ceuta se ven mujeres vestidas con faldones hasta los pies, cubierta su cabeza con un pañuelo, y hasta muchas la cara con una especie de bufanda. Enseñan menos anatomía que las monjas de clausura.

   Me acerqué a una de estas misteriosas encapuchadas y le pregunté cómo se llamaba la tal prenda de vestir.

   Me atendió muy amable; hasta agradecida diría y sonriente. Me dijo que unas usan la CANDORA, otras la CHILABA y otras el JEIQUE.

   Quiso explicarme las diferencias, pero no lo entendí bien. Le agradecí su información y nos despedimos.

   Una Maestra, luego, nos dijo que en determinados barrios ceutíes hay problemas serios con los españoles peninsulares. El idioma es uno de ellos, puesto que solo utilizan la lengua de Mahoma.

   Con el encanto que podía tener este trozo de tierra española, se deja con alivio. No sé qué hace creer que alguien te sigue de cerca, que alguien te vigila.

   Es una sensación de libertad la que dan el barco y la distancia de la costa que no termino de comprender.

  El viaje de regreso fue en otro barco más grande, aún más impresionante: “El Ciudad de Ceuta”. Hemos ido en butacas de proa, cómodas butacas, en un salón espacioso y cerrado con ventanas encristaladas.

   El Peñón queda a nuestra derecha, conforme se viene de Ceuta, lo suficientemente cerca para ver sus luces y adivinar sus calles y plazas.

   Uno en ese momento no puede sino sentir rabia por la usurpación inglesa. Se siente el desprecio olímpico a que nos tienen sometidos cientos de años, y se comprende con claridad meridiana que haya guerras y odios entre las personas.

  A las diez y media cenábamos alegremente.

  Continúa. Comentarista F. Tomás. 

     NOTA: Por esta Crónica, que publiqué en el Magisterio Español, tuve la visita de un Concejal de Ceuta en el Colegio para invitarme a visitar nuevamente su ciudad a gastos pagados yo y Señora. Le pedí disculpas y renuncié a la visita del Ayuntamiento.                      

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