Jeques anglosajones.
21 abril 2024 : San Anselmo
Murcia, domingo, temprano, sin novedad en casa. Sigo con mi Viaje a Ceuta del año catapún:
26 martes, tras el desayuno, hemos ido a visitar el encantador pueblo de Mijas; luego el aristocrático Puerto Banús, para regresar por Marbella, Fuengirola y Benalmádena, gozando todo el recorrido de paisajes de ensueño.
El día es primaveral subido, el sol luce como en los meses de más calor, y las playas, por lo mismo, muy concurridas.
Mijas es un pueblo promocionado de la montaña, con vistas preciosas, y al fondo, allá lejos, el mar. Los mijeños se darían cuenta de que su terruño tenía porvenir y lo explotaron.
Hoy es un encanto visitar sus calles típicas, sus plazas, sus tiendas, su Cueva como Lourdes y rincones deliciosos para descansar.
Como arriba no llegan los coches, hay otro medio de locomoción que se ha generalizado en Mijas: el burrotaxi, así como suena. En la Plaza Mayor están aparcados los burros con su chapa correspondiente para que no haya intrusos y se alquilan por horas.
Burrotaxi número 1, Burrotaxi número 25, Burrotaxi número 50. Sí, así es, aunque parezca una broma. Delante de nosotros pasó un japonés, muy serio, encima de su bestia, que llevaba el dueño o burrotaxista del ramal. Otros más lejos, lo mismo.
Los japoneses se parecen como gotas de agua. Varios japoneses en burras forman una procesión un tanto extraña. Parecen el mismo hombre repetido: muerto, estático, yerto, sobre el jumento.
Los japoneses son gente poco expresiva, de vida por dentro intensa, quizás, que miran por unos ojos inexpresivos. Son gente que parecen llevar la misma careta hecha en serie hace siglos por un artista de poca imaginación.
Puerto Banús es el aparcadero de los yates millonarios. Gente extranjera, rubios la mayoría, cuida de sus valiosas embarcaciones, sin dignarse mirarte siquiera.
Creo que los españoles para estos jeques anglosajones son algo tan despreciables como lo que nosotros tiramos a la basura por inservible. Es que ni un desprecio olímpico les merecemos. Nada. Hablan entre sí y no te miran. Para ellos no existimos.
La tarde libre nos sirve de relax: tele, siesta, paseo. Cada cual a su aire. Después de la cena, igual. Somos felices así. Dejando las órdenes, las imposiciones, para otros. Estoy convencido de que el grupo va mejor suelto que atado.
Me explico: cuando se convive como en nuestro caso, o como en la calle, o en la casa, o colegio, mayores y niños, toda norma restrictiva violenta y sacude la paz del grupo.
Yo prohibiría absolutamente las órdenes como norma de conducta educativa. El niño, libre de vigilancias paternales o policiales, actúa mejor que bajo cualquier presión o vigilancia. Discretas indicaciones en su momento, permiten a todos disfrutar de la verdadera paz.
Continúa. Comentarista: F.Tomás.
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