Viaje a Galicia 4.

26 abril 2024: San Isidoro

   Murcia, viernes, las ocho y media, sin Presidente desde ayer, porque dijeron que Begoña, su mujer, debía de ir a declarar con Avalos. Hoy todo es hablar de Pedro Sánchez.

   Yo creo que Pedro Sánchez pensó; “¡Y si dijeran que mi mujer y familia son unos corruptos como Urdangarin? A lo mejor gano votos en Cataluña. Voy a probar”.

   En casa sin novedad. Sigamos con el viaje a Galicia que hicimos por los ochenta del pasado siglo, cuando eran niños mis hijos.

   ¿SABÍAS QUE…

   ¿Algunos predicadores cristianos son peligrosos, no tanto por lo que dicen como por la extensión de lo que predican?

   En los Hechos de los Apóstoles, 20, 7-42, se cuenta que un domingo San Pablo se puso a hablar y prolongó su discurso hasta medianoche.

   Eutico, un muchacho, estaba sentado en el borde de la ventana. Mientras Pablo hablaba y hablaba se iba quedando dormido.

   Hasta que lo venció el sueño y se cayó del tercer piso donde lo recogieron muerto.

   Pablo bajó, se echó sobre él, lo abrazó y dijo: “No os asustéis que aún está vivo”.

   Después subió y estuvo hablando hasta la aurora, y entonces se marchó.

   Al niño lo llevaron vivo y todos se sintieron muy consolados.

 

   Del viaje a Galicia:

   En Santiago compramos también baratijas a precios de altos quilates, y cosas que al llegar a casa arrumbamos para no coger  jamás. Lo de siempre: el recuerdo de nuestro paso por un sitio.

   Llevamos en el alma un deseo de permanecer, que se traduce en asirnos a cualquier objeto y en cualquier lugar por si ellos nos fijan de algún modo en el pasado.

   De Santiago fuimos a La Coruña, de La Coruña a Padrón, de Padrón a nuestra Villalonga otra vez. En Padrón visitamos la casa “Museo de Rosalía de Castro” con jardines bien cuidados y fotos de la poetisa gallega, “honra de la tierra” como se lee en alguna parte del edificio.

   Tengo que hablar de las noches en el hotel. No quedaría este resumen completo si no dijera cómo se lo montan los chavales tras la cena hasta bien pasada la media nuit.

   Los tiempos han cambiado de nuestros padres a sus nietos. La diferencia es ¿abismal? ¿astronómica? ¿galáctica? ¿Como lo decimos?

   Tanta es la diferencia que los unos y los otros se desconocen. Carrozas para unos a lo más, hippies para otros a lo sumo. Pero ni se comprenden ni se conocen. Creo que hasta se odian.

   En el fondo unos envidian a los jóvenes en el subconsciente; los otros achacan males de la sociedad a los otros, que no saben precisar bien que sea.

   Lo cierto es que ni se tienen en cuenta y en el fondo se destruirían los unos a los otros. Si, los tiempos han cambiado. ¿Quién iba a imaginar siquiera que en unos años mozalbetes de 14 o 15 se lo montarán así?

   Con ginebras. Tabacos, discotecas y juergas subidas hasta las tantas de la noche. Pues eso, ya está dicho. El bar del hotel es el centro de la vida nocturna donde se bebe, se habla, se ríe y se sueltan tacos generosamente envueltos en humo, música estridente, mesas con cartas y bebidas, parejas que se dicen cosas al oído y se ríen, parejas que bailan, una barahúnda, una bacanal, una juerga.

   Grupos de distintas provincias que se cuentan sus alegrías y sus penas de mil maneras, y niñas que sueñan con príncipes mirando a los camareros con chaqueta blanca, y jovencitos de incipiente barba que sueñan en sus albores de madurez con lindas princesas que se le rinden y entregan.

   Ah, l´amour, l´amour, siempre eterno, viejo y nuevo siempre, dulce y ácido, grato y cruel, siempre con nosotros. El eterno amor que nos da vida y nos mata. Filosofía eterna del alma. Luz y hez, Cielo y podredumbre humana.

   Si por ellos fuera, la noche no existía. Un día y otro sin noche en medio. Inasequibles al desaliento, incansables, perennes, nuevos siempre.

   El sueño está reñido con los jóvenes. Cuando se dice: “¡Basta! ¡Ya está bien, que son las cuatro!”, suben a trancas y barrancas, en procesión interminable.

   Siempre está la última despedida por hacer, la última promesa, el último proyecto, y siguen con sus bromas y sus juegos en las habitaciones, que se comunican siempre -milagro de la física- por tabiques, puertas cerradas y balcones sin luz.

   Sobre las cinco, sí, todo es silencio en el hotel. Lo malo para los mayores, que sufrimos esta explosiva vitalidad juvenil, es que a las ocho hay que empezar de nuevo con desayunos y marchas a otras latitudes.

Seguirá.


Comentarista F. Tomás Ortuño.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Llenar los días.

7 del 8 del 78.

Ritmos biológicos.