Prólogo del 92.

   26 Mayo 2024

   Murcia, domingo, temprano, poco o nada de particular. Ayer celebramos el “cumple” de Lina con tortada de su prima Lina Tomás Olivares. Era la que quedaba por saltar los CINCUENTA y los saltó. En el salto de lo sesenta espero contarlo igual.

 

    HISTÓRICO:   A NUESTRO AMIGO VICENTE POVEDA;

   Esta fue la respuesta que desde Houston dieron a Armstrong cuando les comunicó: ”Houston: aquí base: Tranquilidad, el Águila a alunizado”.

   El momento más dramático de la misión del Apolo 11 había terminado. Todos volvían a respirar, y no era para menos, pues unos minutos antes el ordenador del módulo que pilotaban Armstrong y Aldrin sufrió una sobrecarga y saltó una alarma.

   Los astronautas preguntaron a Houston si debían abortar la operación, pero Houston tardó un eterno y angustioso minuto en contestar que ignorasen la alarma.

   Mientras tanto Armstrong se dio cuenta de que el módulo se había desviado del lugar previsto para el alunizaje y que se dirigían a un inmenso cráter lleno de rocas que podrían dañar las patas de la nave e impedirles el regreso.

   Así que haciendo gala de su experiencia cogió los mandos del aparato y logró posar la nave con suavidad en una zona plana y despejada cuando ya solo quedaban 30 segundos de combustible.

   El día 20 de julio de 1969, hace 55 años, sin duda la misión del Apolo 11 fue y será siempre un símbolo de la insaciable curiosidad del hombre por explorar lo desconocido. Francisco tomas Ortuño,

 

   AÑO 1991: PRÓLOGO

  El año que me ocupa en este libro es harto interesante conservar. Constituye uno de estos períodos de los que luego la Historia apenas dice nada, como si no hubiera existido.

   Con la vista puesta siempre más allá, en el mítico y deslumbrante NOVENTA Y DOS, se vive como de puntillas, sin reparar en el presente.

   El año 1991, siendo un año definitivo, decisivo, en tantos aspectos de la vida, para España y para el mundo, queda gris, desdibujado y nebuloso, si no barrido y anulado por el siguiente de las Olimpiadas de Barcelona y de la Expo de Sevilla.

   Estos sucesos que reseño día a día, con la fuerza de lo presente, de la instantánea puntual y palpitante, pueden servir con el tiempo para hacernos ver que el 1991 no fue un año fantasma y quimérico, que pasara por la vida como un espectro, sino tan real y necesario como cualquier otro año de la historia, con sus gestas y sus hazañas, sin las que la historia quedaría mutilada.

   Si lo que cuento es útil para alguien en el futuro, me doy por satisfecho; y si algo de lo que digo ¿quién sabe? como una luz despertará en alguien pensamientos o acciones que le llevaran a ser mejor, el autor habría recogido más cosecha de la esperada.

                                         Francisco Tomás Ortuño.

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