Gorbachov.

19 Mayo 2024:   

   Murcia, sábado, temprano, sin novedad por aquí. Fran vino ayer operado a Murcia con sus padres.

   El 24 de febrero de 1990 me publicaron en La Verdad:

 

   GORBACHOV

   El Mundo mira asombrado lo que ocurre en los países del Este: el Muro de Berlín cayó, la carrera de armamentos se detuvo, la dictadura rumana se ha derrumbado, las democracias se consolidan en países comunistas…

   Solo falta que se unan rusos y americanos para resolver el problema del hambre en la India, en África y en Sudamérica. “Con el dinero del armamento ayudamos a nuestros hermanos del Tercer Mundo”.

   Y es de esperarse: las expectativas son grandes a la vista de cuánto sucede. Hacía falta un Gorbachov para salir del marasmo y la pereza en que el mundo se encontraba. Urgía un líder que dijera: “¡Basta!, no seamos cerriles y acabemos de una vez con esta vergüenza!”.

   Pudiera acabar el siglo mejor de lo que nadie se esperaba hace menos de un decenio. Ni los más conspicuos historiadores, ni los adivinos más optimistas, hubieran sospechado que el siglo podía terminar como puede hacerlo.

   Y es que las cosas se preparan tiempo y saltan en un instante. ¿Tú has observado una pira de leña qué echa humo? De golpe, ¡zas!, salta la llama y ya no hay forma de detener el fuego.

   Así es la vida: quietud, gestación interna, y de pronto, incontenible, el volcán, la lava hirviente de un hecho decisivo, singular, histórico.

   Como la vida misma en el seno de la madre cuando surge el milagro: la naturaleza se ordena en tal sentido que nada ni nadie puede cambiar.

   Pero algo en lontananza se advertía. La vida es un río que viene de atrás, y la corriente anuncia con su ruido sordo el porvenir cercano.

   ¿Qué sentido podía tener en la era de la informática y de los viajes espaciales, fabricar armas para destruirnos? Ninguno. El hombre de hoy no puede destruirse a sí mismo en un acto de locura colectiva.

   Su inteligencia decantada no le permite llegar a semejante genocidio. Más bien, por el contrario, a retornar al paraíso que perdió.

   Ahí está la figura providencial de Gorbachov: “Uníos, alemanes, acabemos con la guerra”. Mensajes esperanzadores. El próximo paso debe ser: “¡Venid, hermanos desheredados, a compartir con nosotros la alegría de vivir!”.

                                

Francisco Tomás Ortuño.  Murcia

 

   Borrachera de poder

   De dictadura a democracia, de un régimen autoritario y opresivo a otro permisivo y abierto. El socialismo ganó unas elecciones a lo grande.

   Fecha memorable para muchos. Cambio, giro social copernicano, panorama prometedor en España, Todo por hacer. La mayoría absoluta trajo un absolutismo peligroso de poder.

   Sin oposición real, sin obstáculos, todo el camino expedito para desarrollar su programa. ¡Que paraíso, qué delicia, una borrachera de poder! Había que celebrarlo.

   El Mundo es nuestro, todo nuestro y nada más que nuestro. El Partido Socialista triunfó en España. El Partido Socialista Obrero Español llegó al poder.

   Expectación. Se vislumbraban cambios en la sociedad, en el trabajo, en los medios de comunicación, en las costumbres, en las libertades. Se esperaba un cambio radical.

   Pasado un tiempo, llegaron las primeras decepciones. ¿Qué ocurría? ¿Dónde estaba el cambio que se esperaba? Seguía la celebración interminable del triunfo, para el cambio no llegaba.

   Hemos ganado las elecciones, tenemos mayoría absoluta, sin Oposición que nos moleste. Desilusiones por parte de los que esperaban cambios.

   Se oían los descorches del champán en una continuada orgía pero el programa doctrinal seguía descansando el sueño de los justos.

   Grupos sociales se enfadaron, increpando a sus representantes sindicales ya más que hartos de tanta celebración y tanta juerga. Se echaron a la calle en una protesta general sin precedentes.

   Queremos ver el cambio, ya está bien; se pensaba que el cambio había sido para unos cuántos que no se lo esperaban,  y que viendo que era cierto, que el pueblo había depositado en ellos su confianza no supieran qué hacer ante tamaña responsabilidad.

   El pueblo quiere realidades, no puede seguir viviendo de promesas. Quiere un gobierno que gobierne, necesita trabajo para todos, seguridad ciudadana, educación a todos los niveles, libertades que no libertinajes.

   Y otras cosas como esas, exigibles a cualquier gobierno. Por eso súplica de una vez por todas, parafraseando un verso de Cetina: “Si habéis de gobernar, hacerlo al menos”.


Francisco Tomás Ortuño.

   

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