Máximos y mínimos.
15 Mayo 2024: San Isidro Labrador 136 – 230 El Sol sale a las `6,58 y se esconde a las 21,25
Murcia, miércoles, las ocho y media, sin novedad en la casa. Pasó el trece de mayo con sus cientos de llamadas telefónicas a mamá por su 87 cumpleaños.
Pasó el 12 de mayo y las Elecciones Catalanas con alegrías de unos y malestar de otros: unas veces se gana y otras se pierde. Y eso pasa en la Política, ¿o no?
HUMOR:
El alumno entrega al profesor un trabajo y le dice:
-Aquí tiene mi trabajo.
-¿Esto qué es? Le falta la presentación.
-Señoras y señores, con todos ustedes… ¡Mi trabajo! -dice el alumno.
DE MUSEOS:
La palabra “Museo” viene del latín museum, que significa lugar consagrado a las musas.
El Museo de Alejandría, el más famoso del mundo antiguo, era uno de los lugares más importantes para la difusión del conocimiento.
El Museo del Prado fue originalmente proyectado por el arquitecto Juan de Villanueva en tiempos de Carlos III (1785).
PARA PENSAR:
Los tontos solo admiran las cosas que llevan una etiqueta.
VOCABULARIO:
Nortear: Observar el Norte para la dirección del viaje, especialmente por mar.
Lo escribí en un periódico (La Opinión: 22 noviembre 1991)
Máximos y mínimos.
La luz es indispensable hoy. Sin ir más lejos, mi hija escucha música, la plancha funciona en otra habitación, yo escribo aquí a la luz de una bombilla, mi mujer la utiliza en la cocina… luz, luz por todas partes.
¿Y fuera de casa? ¿Qué sería de la industria, que funciona a base de motores? Imprescindible. ¿Que tiene su parte negativa? Quizás. Habría que saber estadísticas sobre cegueras en nuestro tiempo y antes de Edison…
Pero es indudable que las ventajas son evidentes. Nadie en su sano juicio se atrevería a ponerlo en duda. Cuando algo se inventa es para ser usado: es el caso de la luz o del coche.
Pero lo que ya no parece tan lógico, es que se abuse de ello hasta lo innecesario. Que se llegue al despilfarro. Y peor, cuando otros no tienen lo justo para vivir.
Porque todos sabemos que unos se pasan y otros no llegan, que unos tiran y otros no tienen. En suma, que las cosas están mal repartidas.
Parece absurdo hablar en nuestro tiempo de racionamientos, pero, a la vista de cuánto nos rodea, cabe pensar si no sería mejor permitir el uso de ciertos servicios hasta lo prudente.
Y no dejar que se abusara de los mismos. O que a partir de unos techos se pagarán más. O que hubiera dos vías, según las profesiones.
No sé si me explico: si a mí en mi casa me decuplicaban el precio de la luz a partir de pocos kilovatios, me cuidaría mucho de no pasarme. Y lo mismo con el agua o con el carburante de mi coche.
O que no fuera el mismo precio de la gasolina para quien utiliza el vehículo como herramienta de trabajo que para el que lo tiene para ir a la oficina o al campo los domingos.
En una utopía a ultranza donde cada cual ganara lo suficiente para abusar de cuánto consumiera y además para dar lo necesario al Estado, para que esté a su vez abusada en sus servicios para con nosotros: carreteras, jardines, Escuelas, medicinas, etc. todo estaría permitido.
Pero sabemos que no así: que la mayoría no recibe mínimos cuando otros reciben máximos. Y la paz social no puede asentarse en injusticias.
Si queremos que haya armonía en la sociedad entre las personas, será necesario igualar racionalmente los servicios de que disponemos.
Francisco Tomás Ortuño Murcia
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