Prólogo del 93.
27 Mayo 2024: S. Agustín de Canterbury
Murcia, lunes, temprano, sin novedad en el alcázar.
Te conté el Prólogo de un libro que hablaba del Año 1991, que tanto prometía a los españoles esperando el 1992 con la “Expo” de Sevilla y las Olimpiadas de Barcelona.
Hoy te diré lo mismo del año 1993, una vez pasado ese mítico 1992 comprobando que la vida seguía igual y que lo bueno o lo malo que nos pasa lo hacemos nosotros.
AÑO 1993: SUMA Y SIGUE
PRÓLOGO; la vida nuestra es un caminar incesante. “Nuestras vidas son los ríos…”, que dijo Manrique en sus Coplas: largos trayectos con poco reseñable unas veces, y otras con sucesos relevantes yuxtapuestos. El año 1993 fue, sin duda, en la familia nuestra, de estos últimos.
¿Te imaginas a Don Quijote por sus veredas manchegas? Si en algún descanso, en una venta quizás, se detuvo a mirar lo que llevaba andado, observaría con asombro que en determinados momentos de su peregrinar no ocurrió nada, mientras que en otros hubo aventuras importantes ocurridas a la misma vez
Esto me ha ocurrido a mí con la segunda mitad del año 1993. Cuando los ecos de la Exposición Universal de Sevilla se apagaban, cuando los Juegos Olímpicos de Barcelona iban siendo historia, cuando parecía que nada nuevo podía ocurrir, cuando se descansaba de tanto ruido, advertí con estupor que la vida, como en la canción, seguía; y no solo continuaba, sino que lo hacía con especial virulencia dentro del ámbito familiar, que era, en definitiva, lo que a mí más me importaba.
Digo que mirando hacia atrás en mi camino, y viendo lo acaecido en la familia, vi que en estos meses ocurrieron hechos singulares, que era obligado guardar. Hechos que mis hijos luego querrán recordar como importantes que fueron en nuestra vida:
Es el año de mi Jubilación, a los 60 abriles, tras 40 de servicios. Está la muerte de la Yaya Isabel -13 de septiembre-; el Servicio Militar de Pascual en Cartagena. Aparece la figura de Toñi, que poco a poco irá tomando cuerpo en la familia. Ángel viaja a Hungría; conoce a Ana, futura madre de sus hijas. Francisco Amós acaba sus estudios en San Fulgencio… Y así una serie de eventos que justifican mi libro que recoge estos meses y tituló: “Año 1993, suma y sigue”.
Francisco Tomás Ortuño”
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