Recuerdos del tren 1.
10 Mayo 2024: San Damián
Murcia, viernes, temprano y sin novedad en casa.
POLÍTICA. Empieza a no gustarme “la guerra de Israel” con Palestina. ¿Cómo EE:UU: sigue mandando armamento a Netanyaju?
DE BROMA: Un empresario le dice a otro: -“¿Cómo consigues que tus empleados lleguen puntuales al trabajo?”. –“Fácil, le responde, tengo 30 empleados y solo veinte plazas de garaje”.
ADIVINANZA: Tiene orejas largas y cola de algodón. Vive en los corrales y a mi me gusta un montón, SOLUCIÓN: el conejo.
¿SABÍAS QUE? ¿El río Amazonas no solo es el río más largo sino el más caudaloso del mundo? Más de mil afluentes desembocan en el. Contiene más agua que el Nilo y el Misisipí juntos.
Sigo con “Recuerdos de mi tren”:
Cuando íbamos a Alicante, cada verano, había que hacer transbordo en Villena. ¿Te lo imaginas? El otro tren era un monstruo de grande, con vías anchas y muchos vagones de viajeros.
Era como perderse en un país de gigantes. Los asientos eran blandos, de color celeste, Y fuera de los compartimientos, había un pasillo largo. Algo descomunal nos parecía a los niños.
Por la ventanilla, sin parpadear, yo contaba los postes del telégrafo. Contaba de un poste al siguiente y de esta forma, con lógica infantil, adivinaba la velocidad del tren.
Uno, dos, tres, cuatro… A los trece llegaba al poste siguiente. Volaba el tren por entre campos de siembra o tierras de barbecho.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco… trece, poste. Uno, dos, tres, cuatro… y trece, poste. Uno, dos, tres, cuatro… trece, otro poste de madera, con sus jícaras blancas como palomas detenidas.
Los cables del telégrafo entre los postes se curvaban en el centro. Con qué ilusión los veía moverse hacia arriba y hacia abajo, según se acercaban o alejada de nosotros.
Subían, subían, y luego bajaban frenéticamente, como una montaña rusa. Descendían de pronto, en un viaje alucinante, para empezar a subir de nuevo. Como en los circos cuando volaban los trapecistas y se cogían las manos para volver juntos.
Cuando dejaba los hilos, miraba abajo de la ventanilla, justo abajo. Me encantaba ver la tierra libre de piedras puntiagudas, como magma en un recipiente, tal vez como se vea el planeta desde el espacio.
Continúa
Francisco Tomás Ortuño
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