Viaje a Fátima 3.

2 Mayo 2024: San Atanasio

   Murcia, jueves, las nueve y sin novedad. Felicidades a mi nieta Isabel por su 24 cumpleaños. Sigo con el viaje a Portugal:

   Día 26 de junio de 1.987. La prensa de la mañana, Diario Regional, “HOY”, de Extremadura, trae en primera página, con grandes titulares: ”Otra explosión en Barcelona”. Lo que significa que en cuanto a noticias hemos variado poco.

   Tras el desayuno, vamos a la Catedral, que no está lejos del hotel. La recorremos por sus cuatro costados, por dentro y por fuera. Contemplamos las vidrieras de sus grandes ventanales, los arbotantes, las torres como flechas. Luego oímos Misa.

   La mañana queda libre hasta el mediodía. Unos van por un lado y otros por otro. Por grupos, unos prefieren deambular por calles y plazas, otros visitar iglesias y estudiar arte.

   Para mí, el encanto se encuentra en andar sin rumbo. Mirando a la gente se advierte como son, por su forma de mirar, por sus gestos, por su manera de decir. Es algo indefinible, que el espíritu capta sin equivocarse.

   Esto tiene para mí un encanto singular. Sentir, palpar ese modo de ser de las personas, su señorío en nuestro caso de conquistadores natos, o el espíritu sumiso que mira con miedo al señor de turno.

   Cada pueblo, como las personas, se manifiesta como es cuando obra libremente; descubrirlo es un deporte apasionante.

   Cáceres está incluida en el Catálogo del Patrimonio Mundial. Es ciudad monumental toda ella, y esto se ve pronto. Produce sensación de reposo, de grandiosidad, de voluntades firmes.

   El Arco del Cristo es la puerta romana que queda entre sus murallas; “El Aljibe”, de La Casa de las Veletas, surtía de agua a la población hasta épocas relativamente recientes; los templos de Santiago y de Santa María, de estilo entre románico y gótico incipiente.

   La Casa de los Golfines, ya del siglo XVI, con fachada plateresca, contrasta con la sobriedad del resto cacereño.

   Diré como un aparte en este punto de mi crónica, que en los golfines de aquí y los golfines de más allá, no supimos si se trataba de unos señores maduros que no llegaban a golfos, porque se quedaban en puertas de serlo, vamos, que les faltaba un pelín como quien dice, para ser bahías de campeonato, o, por el contrario, si serían niños traviesos que merecieron este nombre.

  Lo cierto es que a todos nos picó la curiosidad por conocer estos Palacios de dueños tan extravagantes.

   La vida de los hoteles es igual siempre: gentes que se cruzan sin mirarse, jóvenes que viven el futuro y mayores que viven del pasado, un bar que détiene a personas que van de paso, el salón con grupitos que hablan sin prisa.

   Recepción con su baile continuo de llaves de habitaciones: la 504, la 210, por favor. Llamadas de teléfono. Venta de postales y llaveros…

   La comida, como las anteriores, copiosa y bien preparada.

   Cuando dejamos el hotel Alcántara, no podemos sino darle un Sobresaliente por su perfecto servicio al cliente.

   El viaje a Fátima desde Cáceres es largo, por lo que decidimos salir pronto. Bueno, lo de decidimos es un decir. Quien decide es don Francisco, que tiene cara de jefe y es jefe de expedición.

   “Cuidado con las bañeras, que son resbaladizas”. “A las nueve y cinco en el coche “. Y lo hace bien. Se le ve responsable, preocupado y muy en su papel.

   El papel del chef es delicado; puede pecar por exceso y por defecto fácilmente. Creo que el gran jefe es el que todo lo dispone para que nada falte y se pierde en la penumbra.

   No sé si me explico. Quien se desvive por los otros y a quien nadie apenas ve, como ese contertulio que se echa de menos si falta y en quien nadie repara cuando está presente.

   Pues así es nuestro don Francisco: se revela como hombre serio, responsable y compañero ejemplar. Yo pido en este punto un aplauso para él.

   A decir verdad, todos sabemos que sus órdenes son recibidas de… ah, adivina, adivina. Hace un poco el papel de marido que manda en su casa, pero que mira primero a la mujer.

   Nuestro director indiscutible es don Silvestre… que se merece también un fuerte aplauso.

   Los primeros minutos se pasan viendo una película de nuestro grupo, que hábilmente fue filmando Manolo Beltrán en determinados momentos de nuestro viaje: visitas a monumentos, paseos, etc.

   A 30 km de la frontera, Joaquín se marea y tiene que bajar del coche. Todo pasa pronto, sin más consecuencias que lamentar.

  Llegamos a Valencia de Alcántara, que está a dos pasos de la frontera. El coche MU- 2801-Z Busmar es un jabato y Demetrio, su conductor, un experto del volante.

   A las 6 paramos en la aduana. El paisaje cambia algo: del matorral se pasa a frondosos bosques de encinas y alcornoques, castaños y robles.

   Francisco Marín va preocupado con el cambio de moneda. Qquizás haya cambiado sus pesetas por escudos en un Banco para salir mejor librado en sus compras.

   Una voz deliciosa inunda el autobús. Es la voz de Isabel, que emocionada, sintiendose ya en tierra portuguesa, canta: “Ay, Portugal, por qué te quiero tanto, ay, Portugal, por qué se piensa tanto en ti”.

   Todos aplaudimos. El coche es una fiesta. Nos vamos acercando a Fátima. Casi la tocamos ya. Cantos marianos a gogó. Cuando Fina cantó el AVE María de Schubert todos guardamos silencio, Un silencio de respeto a su hermosa voz. Supimos que había nacido una estrella en el grupo.

   ¡Qué voz tan potente y armoniosa! Ni Montserrat Caballé. Desde ese momento los cánticos a la Virgen, un repertorio largo y variado, se siguieron sin parar.

   Pasamos por Alpalhao una flecha indica: a Espanha, 33 km; más caseríos a orillas de la carretera, nombres en portugués: Rúa da Barroca…

   Fátima, por deseada, no termina de llegar, es interminable la llegada. Por fin, a las 9:30 h llegamos al hotel Tres Pastorinhos. donde habíamos de parar dos noches.

   El hotel es majo de verdad, se ve enseguida. Vamos a salir sabiendo más de hoteles que en su día Ruiz Mateos de bancos y finanzas.

   Tras la cena, abundante cena, vamos a la Cueva del Santuario de la Señora. Grandioso, emocionante lugar. La Virgen preside, sencilla y solemne, la amplia plaza llena de fieles.

   Todo un clamor de fe y de esperanza, razas y colores diferentes, rostros sencillamente emocionados miran ansiosos a la madre, sencilla, blanca, que llena de paz los corazones.

   Todo es una oración jubilosa a la Virgen, que se apareció a tres pastores en este mismo lugar.

   Seguirá. Comentarista: F. Tomás Ortuño.

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