Almendricos.
22 Junio 2924: San Luis Gonzaga
Murcia, viernes, las ocho y cuarto, sin novedad.
REFRANES:
- Al gallo que canta le aprietan la garganta. (Dirigido a indiscretos que lo publican todo)
- No hay mayor mal que el descontento de cada cual. (Denota que la mayor infelicidad que a uno le pueda sobrevenir es su propio descontento y malestar)
- Delicado de cutis, pero no de conciencia. (Se aplica a quien no tolera que se le moleste en lo más mínimo, pero, en cambio, es el primero en atropellar a los demás)
- El saco vacío no puede mantenerse en pie. (Refrán que señala la importancia de comer o de cobrar, para trabajar)
- A donde el corazón se inclina, el pie camina. (El corazón mueve nuestros pasos)
PARA PENSAR:
El mayor error es no hacer nada por creer que lo que puedas hacer será inútil.
PROBLEMA:
Completa con más, menos, por o dividido entre la siguiente operación: 3 por 6 2 6 5 = 3
DE MIS RECORDADOS DIARIOS:
18 julio 1993, domingo, las diez, en Almendricos. Nous venons d´arriver, mamá, Lina y yo. Venimos de Murcia, donde hemos pasado la noche.
Francisco Amós no está en la casa. Lo asaltamos con llave ajena. Todo lo tiene en orden, en perfecto estado de revista: este despacho, el comedor, el dormitorio. Francisco Amós sabe que el orden es fundamental en la vida.
Recuerdo que, con motivo de una visita a Valencia, por la pobre impresión que me produjo el piso, pensé que el desorden llevaba consigo a otros desórdenes.
Si no hay limpieza donde vivimos, me temo que haya suciedad en nuestra vida interior. Si no hay orden, lo mismo. El orden engendra orden, engendra vida interior recta.
Se corresponde como dos vasos comunicantes. Quien va desaliñado por fuera, denota a la legua pobreza de escrupulosidad interior.
¡Cuánto dice de Francisco Amós esta pulcritud de casa y este orden de cosas! En todas sus dependencias, hasta en el patio y en sus macetas, hasta en los rincones donde nadie va a entrar.
¿No pregona que su vida es limpia y ordenada? Si yo no supiera cómo es mi hijo, bastaría entrar a esta casa hoy para no tener que preguntar a nadie sobre su forma de ser.
El pueblo de Almendricos da la impresión de estar vacío. No hay nadie por la calle. Fuera del pueblo hay casas aisladas, bellas mansiones de personas ricas.
Como chalets de lujo para vivir de temporada. Uno piensa enseguida que es el retiro ideal de los que buscan la paz, el sosiego, la tranquilidad fuera del bullicio de playas o de las grandes ciudades.
Estos chalés se multiplican por los montes próximos. Quizás por estar escondido este lugar entre montes cultivados y entre valles de rica huerta, lo hacen pasar desconocido para muchos.
Pero los afortunados que dan con él, sueñan con quedarse aquí por el resto de su vida. Es un oasis tranquilo, sosegado, feliz, donde las horas parecen incluso no dar por no molestar a sus moradores.
El calor se deja sentir con fuerza. Una campanita -¿será la hora?- acaba de sonar en la torre. Los pájaros, fuera, alborotan con sus trinos alocados.
Se oye lejos el ladrido de un perro. De vez en cuando el motor de un coche, qué pasa por la esquina. En los intermedios, que son los que más tiempo ocupan, silencio.
Un silencio lunar, un silencio que se escucha, un silencio cósmico. Este rincón de la casa, este despacho, conforme se entra de la calle a la izquierda, es acogedor.
De las paredes cuelgan sendos cuadros. Hay también un mapa de la región de Murcia. Al sur, casi tocando el límite de Almería, está Almendricos.
Hay sendos armarios con libros, y carpetas. Sobre la mesa un retrato de Miguel con la mamá, un calendario, un crucifijo y un flexo. En el calendario se lee: “El amor, si es amor, es fecundo”.
Francisco Tomás Ortuño.
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