En Valencia.
12 Junio 2024: S. Esquilo.
Murcia, miércoles, las ocho, sin novedad en el alcázar. Te cuento de aquellos años:
Me gustan las iglesias recogidas, pequeñas; las prefiero a las iglesias grandes, con vidrieras. Cerca de este piso -de Valencia- yo conozco tres: una la de San José, a la derecha, conforme se va al puerto.
Otra la de San Juan, a la izquierda. Y la tercera, próxima, la llamamos de Hitchcock. Le pusimos este nombre porque hay sobre el altar un crucifijo que proyecta en la pared una sombra como la figura de este autor inglés. No es irreverencia, es, más bien, una forma cariñosa de nombrarla.
De las tres iglesias que he nombrado, próximas las tres, la primera es moderna, grande, luminosa; la segunda es más pequeña; la tercera es mi preferida,
¿Qué tienen estos lugares recogidos, oscuros, silenciosos, que proporcionan paz en el alma? ¿Será que uno se encuentra consigo mismo? ¿Llevamos con nosotros ese yo íntimo que reclama nuestra atención y todo lo reducimos a mirar más allá de nuestro cuerpo y por eso estas iglesias pequeñas me encantan?
CALOR
Hoy va a hacer calor de armas tomar; ya lo hace y son las diez. Hoy aquí empieza el verano. Observo que vuelan golondrinas como en Murcia y que gritan cerca como aquellas.
Cada vez me parece más estar en la terraza de nuestro piso, con la mole gris enfrente y la Catedral a la izquierda. Cerca veo una grúa monumental. En la Cruz, arriba, trabajan unos hombres.
Me da vértigo solo de verlos andar por los brazos horizontales. ¿Que tienen estas personas para estar en el vacío a tales alturas sin sentir vértigo?
Ahora son las nueve y cuarto de la tarde. Doy fe como notario que el sol enfrente, lejos, casi en el fin de todo, a punto de perderse en el horizonte, parece una bola de fuego.
No es exactamente eso; se parece más bien a una naranja grande, grande, del tamaño de una sandía. Unas tiras de nubes lo adornan caprichosamente con manchas de color ceniza, igual le ponen ojos, que bolas, que bufanda.
La imaginación es libre de buscar los parecidos. Es curioso, en qué poco tiempo el color púrpura, luminoso, va tornándose apagado, mortecino, cadavérico. En nada se habrá ocultado. Son las nueve y veinticinco. Seguro que a la media no llega.
ESTA TARDE
He paseado esta tarde por el centro de Valencia, La antigua Plaza del Caudillo es ahora la Plaza de la Constitución, o la Plaza del Ayuntamiento, no estoy seguro. Es un lugar concurrido, lleno de color y de movimiento; terrazas, quioscos, bares, mucha gente.
En un lado Leo, de arriba abajo, Teatro Rialto. Cerca se encuentra la Plaza de Toros, y al lado, justo a la derecha, conforme se llega del Ayuntamiento, el Ferrocarril.
A la entrada de la bonita Estación, hay una maqueta de esta, con sus despachos y sus andenes. Me recuerda otros tiempos. Hace ya muchos años, cuando yo cogía aquí el tren que me llevaba a Teruel.
Era por los años 1954 y 1955, cuando empezaba mi andadura profesional. Hace casi cuarenta años.
Francisco Tomás Ortuño.
VOCABULARIO
Enhiesto – Inherente – Mohíno – Abyecto – Oneroso
Enhiesto: erguido, derecho.
Inherente: unido a algo por naturaleza.
Mohíno: triste, disgustado.
Abyecto: vil, despreciable.
Onroso; costoso, gravoso.
ADIVINANZA
Solo por cielo o por mar
hasta mí podrás llegar. Solución: Isla.
F.Tomás Ortuño
Comentarios
Publicar un comentario