Murcia, jueves, sin novedad.
13 junio 2024: San Antonio de Padua
Murcia, jueves, Las ocho, sin novedad. Te cuento de hace unos cuarenta años.
6 julio 93: las 8, en mi atalaya valenciana. ¿Qué dirá la historia de hoy cuando hayan pasado mil años? Lo más probable es que no diga nada. Y, sin embargo, está aquí, tiene vida, se puede ver. Las golondrinas que pasan como aviones son parte de hoy, como yo y lo que escribo.
El hotelito está plen. La yaya Lina -hola mamá, ¿dónde estás?- utilizaba esta palabra sin saber de dónde procedía; para ella plen era llena y le bastaba.
La playa de Valencia es enorme. Me refiero a la que vamos nosotros. Haber hay más, pero todas se parecen. Habrá quien piense lo contrario y no entro a discutir; puede ser que cada una tenga su aquél que la distinga de las demás, pero, vamos, en lo esencial, todas son lo mismo: arena, mar, sol y bañistas.
¿Qué habrá pasado en Ibiza con el infundio del sida? Esas bromas son más perjudiciales de lo que parece a simple vista; pues hay otras naciones u otras playas que solo esperan que las masas turísticas acudan a ellas.
Yo he visto en Murcia grupos de jóvenes reunidos en una plaza con su vaso de cerveza en la mano. Pues con las playas ocurre lo mismo: por un quítame allá esas pajas, una playa se pone de moda o se abandona. En nuestro caso, Ibiza, está justificado, aunque tenga poca gracia para los que viven allí del turismo.
RESTAURANTE CHINO
Miguel y yo hemos comido hoy en un restaurante chino. ¿Qué tienen estos restaurantes que no tengan los demás? Cuando entras en el local, una chinita sonriente y amable, te recibe apenas sin hablar. Te lleva a la mesa que hay libre, sus ademanes suplen a las palabras.
Los tapices de las paredes, las lámparas, el ambiente, todo tiene un sello que lo distingue de los otros restaurantes. Una joven oriental se acerca a la mesa. Lleva una carta para elegir el menú.
Luego se esfuma sin ruido, como vino. Cuando piensa que hemos elegido el plato se acerca de nuevo. Ahora con un bloc y un bolígrafo. Toma nota de nuestra elección y se marcha. Mira como sin querer mirar, sonríe, se inclina como para agradecer algo.
Los platos tienen nombres singulares, graciosos: arroz frito, trocitos de hielo, sopa del Edén, chipirones a la cazuela. La comida es copiosa, variada. Un plato, otro plato. mejor son fuentes con abundante comida.
Los peces cerca corretean en el acuario. En la mesa contigua a la nuestra, tres jóvenes japonesas o chinas -nunca sabría distinguirlas- comen y ríen entre sí; hablan en su idioma. Para postre elegimos helado. Para bebida cerveza.
Pagada la cuenta, salimos del local. Hace calor fuera con diferencia de muchos grados. Es acogedor el restaurante chino. Invita a volver. La chinita nos despide en la puerta con una una sonrisa larga y una ligera inclinación, como si pidiera perdón por algo. Es tal vez una manera de agradecernos la visita al restaurante.
Francisco Tomás Ortuño.
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