Opositores de Dibujo.
Murcia, domingo. las ocho y sin novedad en casa.
Hoy domingo, te contaré un viaje que hicimos mamá, Lina y yo el año noventa del pasado siglo por tierras castellanas;
La del alba sería, sobre las ocho de la mañana, cuando salimos para Madrid en nuestro coche.
En Quintanar de la Orden, como a 300 km de Murcia, paramos a descansar. De paso, oímos Misa en una iglesia con aires de Catedral, con bóvedas románicas y góticas repartidas a partes iguales y paredes con piedra vista hasta el mismo campanario.
Seguimos nuestra ruta y por beber o desbeber hicimos otra parada en un lugar poblado de pinos, a modo de parque natural, para recreo de viajeros.
Ya no paramos hasta cerca de Madrid en un bonito parador llamado Babieca donde comimos. Sobre las tres de la tarde, con poca gente por las grandes avenidas, pasábamos la Castellana para arribar en Atocha, punto final de nuestro viaje.
El hotel Meridiano, cerca de la estación, no tenía ciertos lujos aparentemente, pero quedaba bien. La reserva de habitaciones se había hecho desde Murcia.
La tarde la pasamos en el Retiro, que no quedaba lejos del hotel. ¿Para qué describir el Retiro en una tarde dominguera? barcas en el lago, gente variopinta…
A Lina le atrajo su atención una Señora que echaba comida a los peces: como tiburones se repartían la comida abriendo sus grandes bocas fuera del agua.
Un payaso hacia su función para que el que quisiera se detuviera a mirar. Le acompañaba una chica vestida de ballet con la cara pintada de blanco a modo de geisha japonesa.
La música era de Candilejas de Chaplin, por lo que resultaba dulce y tierno el número de la pareja. Cerca había un teatrillo de guiñol improvisado con unas tablas que atraía a los niños.
Y más allá, sentados y muy en su papel, gente con cartas adivinando el futuro a quienes deseaban conocerlo, previo pago de unas pesetas.
Esta plaga estaba muy extendida: tarots, adivinos, cartas, rayas de la mano… Muchos estaban con su cliente delante pronosticando suertes y desgracias del porvenir.
También había mormones, siempre trajeados, altos, rubios, por parejas, que vendían sus biblias con carteles grandes que la gente leía al pasar: “El señor te da otra oportunidad para ganar el Reino”, o algo parecido.
Estrambótico Retiro, de inolvidable recuerdo. Lástima que el césped se dedicará en muchos sitios a dormir borrachos o expresarse de forma equivocada su amor muchas parejas.
Compramos un caballo con jinete de movimiento continuo y, cómo no, nos tomamos unos helados gigantes entre la gente como suele hacerse en las ferias.
El lunes fuimos a la Ciudad Universitaria donde tenía lugar la presentación de opositores de Dibujo. Mamá con cientos de compañeros estuvo allí con sus fotocopias y títulos ante el tribunal.
De paso, dimos una vuelta por las dependencias de restauración, la biblioteca, etc. Había una exposición y venta de tapices venezolanos con pájaros exóticos, ejemplares únicos hechos a mano, muy vistosos, de los que adquirimos dos.
Comimos en el comedor con otros compañeros y por la tarde regresamos al hotel. Como era temprano, tras un breve descanso, salimos de nuevo.
Ahora fuimos a la Puerta del Sol y de allí a la Plaza Mayor que coge a dos pasos. Nos sentamos en una terraza frente a la estatua ecuestre de Felipe III, nos tomamos unas buenas horchatas, y fuimos a la oficina de Información y Turismo.
En los soportales de la plaza, por unas escaleras muy pronunciadas, bajamos a Cuchilleros Y Luis Candela y llegamos a la Catedral de San Isidro donde descansamos un rato y mamá comulgó.
Por si fuera poco, aún esa tarde, de vuelta al hotel fuimos dando un paseo por Delicias a la Estación de Autobuses, donde vimos un tiempo del partido mundialista televisado Inglaterra- Camerún, que a punto estuvo de ganar el último.
El martes por la mañana lo ocupamos en la segunda gestión que llevábamos para hacer en Madrid: visitar el taller de restauración de la calle de la Pasa. Fuimos a Sol y de allí al Palacio.
Mamá con la tarjeta de recomendación que llevaba de Murcia fue muy bien atendida. Vio hasta los Ángeles del retablo de Santiago.
¡Que pequeño es el Mundo! Mira por dónde, quién nos iba a decir que en un rincón de Madrid estaban las figuras que luego vestirán la iglesia de Santiago jumillana.
Volvimos a Atocha. Comimos en una lujosa terraza y tras un descanso fuimos al Planetario, en el parque Tierno Galván. Fue la delicia y la admiración de los tres viajeros.
Parece que viajas por el espacio entre galaxias. Sensacional. Dicho planetario permite ver vídeos sobre planetas y estrellas, conocer por ordenador televisores, es decir cuánto se desea de astronomía.
La tarde fue deliciosa. Se terminó con el partido del mundial Italia - Argentina en el que perdieron los italianos.
Miércoles y tomándole el pulso a Madrid, empezamos yendo a la Plaza de España en un autobús que nos permitió ver calles, edificios, jardines y plazas por el camino.
El edificio de España es grandioso. La Torre de Madrid, al lado, soberbia. El monumento a Cervantes con sus inseparables Don Quijote y Sancho, delicioso.
Lástima grande también que se vieran tantos negros agrupados por bancos y césped y hasta durmiendo en el suelo a pleno sol. Una nota negativa que deja mal sabor a los visitantes de la plaza de España.
Nos fuimos al Palacio Real. Grandioso. Lina nos haría de guía leyendo un folleto que recogiera en la puerta. Salón del trono, Salón de Carlos III, Sala de los relojes, Real capilla …
Cuesta imaginar que tales obras se llevarán a cabo en tiempos de penuria y para Reyes que lo tenían todo. Cuánto lujo cuando tantos morirían de hambre.
Nos dirigimos por la Gran Vía madrileña al Museo del Prado. Recorrimos las salas dedicadas a Velázquez, a Goya, a Rivera, al Greco, a Murillo.
Vimos tantos cuadros que quedamos saturados de pintura para el resto de nuestras vidas. Pascuala, my wife, la gozaba yendo y viniendo con Lina detrás literalmente, porque viera unos lienzos más.
Yo cuando veía un banco me sentaba y decía que iba a estudiar concienzudamente el cuadro que tenía enfrente. Así vi los exagerados caballos de algunos lienzos de Velázquez y los feos rostros de la familia de Carlos IV pintados por Goya.
Algunos pintores copiaban cuadros famosos. A uno de estos le dije que su cuadro me gustaba más que el original. Le agradó el piropo y me lo agradeció con una sonrisa.
Al Casón del buen Retiro, que está próximo al Museo del Prado, llegamos reventados. Lina y yo nos mirábamos rogando que la mamá ordenara la retirada.
Así que en tales disposiciones de ánimo, el Guernica de Picasso, encerrado en un fanal gigantesco y otros cuadros que allí se guardan, hicieron poco impacto en nosotros.
Mamá, incansable, ¿de dónde saca tanta energía?, nos abandonó arrumbados en un banco y siguió viendo salas por el piso de arriba. Esperamos y emprendimos la marcha de vuelta con todos los objetivos cumplidos a la perfección.
Viaje completo. Ya en el coche éramos como los astronautas en su regreso de la luna, después de haber cumplido bien su programa. Kilómetros y kilómetros: Ocaña, Albacete, Hellín, Cieza, Murcia.
Perfecto. A las ocho veíamos, ya en casa. el partido de semifinales Inglaterra – Alemania, que ganó este equipo por penaltis.
Francisco Tomás Ortuño .
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