Preocupaciones de mis hijos veinteañeros.

 18 Junio 2024: San Marcos

   Murcia, martes, la ocho y veinte, sin novedad por aquí, con líos por allá. Te cuento cosas o preocupaciones con mis hijos cuando cruzaban los veinte años, como ahora los cincuenta.

 

   9 julio 1993, viernes, temprano, día de la marcha. Miguel duerme todavía, como Isán, como Abel, Asís y Anás. Los cinco salieron anoche juntos sobre la medianoche. “Oh témpora, oh mores!”.

   En realidad, no iban solos. Los acompañaban las amigas francesas, que vinieron por ellos. “¡Oh Sodomas y Gomorras juntas!”. ¿Volvemos a los tiempos bíblicos? ¿Repetimos la historia de Roma?

   ¿Quién iba a pensar que veríamos esto? Las mamás de estas lindas -por fuera- señoritas dormirán tranquilas en su Francia natal creyendo que sus hijas estudian unas carreras en el País vecino y a lo mejor aciertan, porque saben que la carrera de sus hijas puede pasar por una iglesia del brazo de un españolito.

   ¡Qué tiempos, señor, el orden moral ha tocado fondo! Los valores se han perdido, los jóvenes hoy tienen que tener un sentido muy desarrollado de captar valores porque hay mucho disfraz.

   Cuando menos se lo piensen, se la dan con queso. Tanto ellas como ellos. ¿Dónde está la verdad? ¿Es cierto lo que veo o es una comedia? ¿Hasta dónde es bueno y hasta dónde es malo? ¿Dónde empieza el lobo y dónde el cordero?

   Los jóvenes hoy se comportan de otro modo a como lo hacíamos nosotros hace unos pocos años. El chico con labia y buena planta llega a donde quiere en la sociedad.

   La chica de buen ver y sin remilgos, consigue lo que se propone. Pero en ese juego deben tener olfato para saber distinguir unos y otros con quién se gastan los cuartos, con quién se la juegan.

   Hay apariencias sin valores, apariencia peligrosas, apariencias atractivas que te llevan a la perdición, que son señuelos seductores y atractivos, que conducen a la muerte.

   Y hay apariencias, pocas, que llevan dentro todo el oro por descubrir, verdaderas joyas guardadas en cofres poco vistosos y hasta poco atractivos. Ahí tienen que esforzarse los jóvenes, unos y otros, en acertar, en indagar, en perseverar.

   Supongamos que en la playa, la chica desnuda, se insinúa al primero que llega. El incauto, la presa, si es inocente se deja arrastrar hasta dentro, donde será víctima del oleaje.

   La joven deslumbrada por el joven atractivo, todo músculos y sonrisas, llegará a paraísos en sus sueños que no encontrará jamás. Los jóvenes, unos y otros, en las noches locas, de madrugada quedarán ahítos, pero vacíos de verdaderas glorias.    Ese sentido nuevo, especial, deberá decirles que no es eso lo que necesitan para crear una familia.

   Las mamás de las francesas dormirán tranquilas creyendo que sus hijas estudian mucho en el país vecino. Algo les dirá que sus hijas hacen lo justo para volver con la carrera terminada, con un españolito colgado de su brazo.

   Es la lucha de siempre y que no acabará. La mujer, como la araña, busca su presa y si la encuentra la enreda con sus encantos hasta acabar con ella. El hombre debe ir por el mundo con los ojos bien abiertos para no enredarse en los primeros hilos que le tiendan en su camino.

   ¿Cómo no vemos claro de una vez que la mujer debe ser recatada y sumisa? la mujer es solo madre y su función termina en la casa. Todo lo que salga de esta norma elemental, pero profunda, es antinatural.

   Yo le diría al joven: ¡apártate como de un polvorín a punto de estallar de la mujer seductora, procaz y libertina! ¡puede ser tu perdición! Corre en dirección contraria de la mujer que beba alcohol, o que fume, o que vaya desnuda, o que te mire.

   Piérdete, en menos que canta un gallo, de la mujer que te provoca, o te busca, o te mira sin bajar los ojos. Por el contrario, busca sin desmayo, para tu felicidad, a la honesta, a la que no sale, a la que baja los ojos al hablar, a la que apenas habla, a la que no fuma, ni bebe y en sus ojos lleva el candor de un alma limpia.

   Jesús habló en su tiempo que en el mundo estaría revuelta la buena con la mala hierba. Y así es. Almas puras donde hay almas perversas. Los cuerpos, aparentemente iguales, como las hierbas bíblicas, en saber escoger está la vida o la muerte.

   Pero ¿es tan difícil distinguir? Yo creo que no. Hay, repito, indicios claros de lo que es cada uno, si dejamos que la razón actúe. ¿No hay setas comestibles y venenosas? ¿Quién que no sea un loco o un suicida deja su elección al puro azar?

   ¿Quién no pide consejo antes de llevarse a la boca la primera que ve  por muy atractiva y bella que sea? Hay indicios y quizás lo más aconsejable sea escuchar la voz de la experiencia.

 

   Son las seis de la tarde. Desde las tres, en Murcia de nuevo, en la casa, en el piso. Pascual ha salido con Toñi. Miguel con sus amigos. El pájaro trina en el balcón y las tortugas levantan la cabeza y abren los ojos como queriendo saber dónde se encuentran.

   La vuelta de Valencia, como antes la ida, la ha hecho Miguel. Dos horas y listo. Miguel es el mejor conductor de todos los tiempos. Lo dice él mismo de convencido que está. No duda, no baja de los cien.

   Adelanta cuando debe. Una joya de conductor es Miguel. Ayer fue a la playa con sus amigos marroquíes. A la vuelta Anás me lo dijo; “Buen conductor Miguel”.

   Hay un programa de ordenador, lo tenemos en casa, con todos los recorridos habidos y por haber en el Mundo entero. De Valencia a Budapest te dice los kilómetros, las ciudades por donde pasas y hasta el camino que debes seguir más aconsejable.

   Hasta el tiempo que vas a tardar en cubrir esa distancia. De Madrid a Jumilla lo mismo. Miguel esta mañana le preguntaba el mejor recorrido para la vuelta a Murcia.

   La pantallita sin esfuerzo se lo dijo: “Toma el camino de Játiva, luego sigues por Alicante, y al llegar a Elche te desvías hacia Murcia”. Como un mago. Si levantaran la cabeza nuestros abuelos se morían otra vez del susto.

                                         Francisco Tomás Ortuño.

 

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