Un día más de vida.
6 Junio 2024: San Norberto Luna 6 a 22 LUNA NUEVA A LAS 14.
Murcia, jueves, las nueve y sin novedad en casa, si no es novedad tener la Tierra un día más de vida.
De mi Diario:
Gracias mil sean dadas al Cielo por habernos hecho regresar sanos y salvos de Valencia.
Gracias mil sean dadas al Cielo, también, por haber ido a Pryca -precio y calidad- esta mañana, y haber cargado el coche hasta los topes, sin importarnos mucho el importe de la compra. Y gracias por tantas y tantas cosas buenas que tenemos.
Este preámbulo se debe a que Lina y yo, tras ver la peli de Indira Gandhi, que traje del Centro de Profesores o CEP, hemos decidido apuntarnos al grupo de “Seguidores a la “No violencia”, que fue su filosofía.
Supone oponerse en cuerpo y alma a cuanto suponga nerviosismo, estrés o convulsión. Hay que ver lo bueno de la vida cotidiana y rechazar de plano lo que pueda alterarnos.
Gandhi muestra en la película un temple en la adversidad digno de ser imitado. Se lo decía a sus seguidores: “Si os pegan en una mejilla, como a Jesús, poned la otra”.
Es difícil, pero es lo mejor; los equivocados son los que pegan. “Si tú respondes con la misma moneda, ya sois dos los equivocados”.
A mí Gandhi me recuerda a Jesús. Es otra figura ejemplar en su tiempo. Cuando los ingleses dominaban La India y tenían a los hindús como esclavos o como simples objetos, aparece Gandhi para rebelarse contra esta situación, pero sin violencia.
Si medran con la ropa que más de 300.000.000 compramos vistamos con lo indispensable. Luego enseña a obtener la sal que constituía otro negocio para el imperio británico.
Gandhi y la no violencia se confunden; que no quiere decir la cobardía o la sumisión boba a los opresores. La no violencia de Gandhi, él mismo lo dice, es activa, pero sin palos ni espadas.
Lina y yo queremos ser como Gandhi, porque comprendemos que con violencia no se consigue más que estrés y algún posible infarto. Gracias mil sean dadas al Cielo por habernos hecho llegar esta película de Gandhi a casa.
Francis ha comido en casa. Nos ha enseñado un juego de números: Escribe una cantidad de cuatro cifras; otra debajo para sumar; ahora yo otra, y otra más. La suma va a ser tanto.
Y así es, en efecto. Con los números hay muchos juegos mágicos como este.
UN CUMPLEAÑOS:
Pascual Jesús cumple “los dos patitos”. El tiempo no sé detiene. Es un tirano de tomo y lomo, de padre y muy señor mío. Todos vamos embarcados en la misma nave. Por todos pasa el tiempo igual.
Sin embargo, no es lo mismo para el de 20 que para el de 80, ni parecido. A los 20 se mira adelante; a los 80 se mira hacia atrás, porque delante hay poco que ver.
En este capicúa, Francis pisará los 24; Ángel los 21; Miguel los 19; Lina los 17; mamá los 54, y yo, pues cuatro más. ¿A dónde irán los años a parar?
Cuando yo tenía tus años, Pascual.
-No me cuentes batallitas,
- Parece que era ayer cuando cenaba con el tío Adolfo en Rillo; cuando jugaba al ajedrez con el Cabo de la Guardia Civil; cuando enseñaba a Juanillo en la Escuela a sumar; cuando estaba en Lorca haciendo la instrucción.
Y todo esto cuando yo tenía tus dos patitos de hoy. Happy birthday. Anoche se quemaron las fallas en Valencia. Miguel y yo lo vimos en la tele. La falla de Campanal obtuvo el primer premio.
La reina lloraba como una Magdalena. Es que soy una llorona, dijo. Se ve a la legua, hija, no hace falta que lo jures. Sobre la una o poco más, ardió el Apolo de Miguel Ángel, en la plaza del ayuntamiento.
Este Apolo, que lucía un desnudo fenomenal, fue pasto de las llamas en unos cuántos segundos entre tracas y griterío o grita como suele decir Cervantes en El Quijote.
Las fallas tienen un simbolismo mágico por lo que no decaen. Cada falla representa un pecado, un dolor social, algo que hay que arrojar al fuego.
En este sentido de catarsis el gasto de la fiesta está justificado. Quién pudiera cada año quemar lo malo que le acontece en la vida.
¿Quién no lleva demonios que echar al fuego? Una confesión es como una falla. A mí las fallas me gustan. Es una gran fiesta llena de sentido y color.
Lo que menos me van son los truenos. No las tracas que de lejos se escuchan; no los castillos de fuegos artificiales; me refiero a los petardos y petardiñes que explotan por los pies cuando no los esperas.
No los soporto. Por lo demás, fallas que haya y que sigan habiendo por muchos años.
Francisco Tomás Ortuño.
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