Cargar piedras.

9 agosto 1993

 

   Desde bien temprano, mamá coloca piedras en el camino que sube a la cochera. Poner piedras y amasar es otra de sus pasiones. Creo que mamá hubiera querido ser albañil.

    Más tarde llegó el sobrino José Mari. Entre los dos levantan una pared colosal, parecida al Acueducto de Segovia.

 

   A mí me gustaría ayudarles, pero no puedo. No sé si por el viento o por el sol, mi espalda está averiada. ¿Qué digo mi espalda? Mi cuerpo entero. De la cabeza a los pies es un cacharro.

   ¡Cómo me gustaría levantar piedras o arrimar cemento, pero hasta mis manos se niegan a cerrarse!

 

   He leído que este dolor, como la fiebre, es más para prevenir que para curar, y que muchos pacientes recurren a métodos poco ortodoxos como hipnosis o acupuntura.

 

   ¡Ay, María Dolores!, a ti tampoco te favorece el artículo (Selecciones, febrero 1981, páginas 43-44). Si dice que a los gordos les ataca más ¿qué hacer?

   Como si la barriga fuera un grano que desaparece con pincharle. A sufrir toca y sin remedio. Unos días mal y otros peor, y a quien Dios se la dé, San Pedro se lo bendiga. Un valle de lágrimas es esta vida, y así hay que tomarla.

   ¿Será verdad que con la mente podemos cambiar el curso de la enfermedad? ¿Será cosa de probar? La sugestión obra milagros. He sido siempre un forofo de la sugestión.

                                  

Francisco Tomás Ortuño

 

   Hoy termino con un 



chiste para Sofía:

 

   -Un erizo por el desierto ve un cactus y le dice: “¡Mamá!”.



…Hasta mañana, el abuelo Paco.

 

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