Nuestra pitufa.
7 Julio 2024
Santana, domingo, sin novedad. San Fermín. El nieto Jaime ha dormido aquí y ahora limpia el monte con el Soplador.
Te cuento de mi Diario:
2 de agosto de 1993. Vuelve el verano por sus fueros. Nos vemos aplastados por el sol. Lunes lindo, guapo, bonito, y mil adjetivos más que puedes añadir.
El canario gorgoritea en la puerta de la cocina. Miguel en su “chambre” y mamá entre pucheros como decía la Santa de Ávila: Todo paz y sosiego en derredor.
Lina me dicta las hojas en francés que trajo su tío Roque, no hay palabra que se le resista. A este paso, por Feria está acabado el trabajo.
Los días de sol asfixiante, son proclives a alterar a las personas. Paz fuera y agitación dentro.
Yo pediría a los que convivan con personas sensibles a los cambios atmosféricos, que los traten con paciencia y con amor.
Como enfermos temporales que gritan y discuten por todo y por nada, sin saber por qué discuten ni por qué gritan.
5 agosto 1993.
La industria de los zapatos da de comer a muchas familias de Jumilla. A tanto el par, dale que te pego, hay familias que sacan un pastón.
Yo no sé a dónde van a parar los zapatos, pero, por lo visto, es una industria boyante.
Si dejaran de coser estas mujeres, muchos hogares se venían abajo.
Se ve que no es complicada la faena, por lo que jóvenes y mayores, mujeres y hombres, se dedican a lo mismo.
Cada noche, alguien recoge el trabajo hecho y paga el salario correspondiente.
¿He dicho que hablé con Ángel? Se oía como si estuviera a medio metro y estaba en Budapest, a miles de kilómetros de distancia.
¿Se imaginaría el inventor del teléfono que su engendro iba a llegar a tanto?
¿He dicho antes, también, que Lina da clases? ¿Pero es posible que Lina, nuestra pitufa, se haya incorporado al mundo de los mayores?
O ella tocó techo o nosotros, papás, no lo vimos. Y esto último es, sin duda, mal que nos pese, pues que los treinta quedaron ya fuera del ring.
Francisco Tomás Ortuño
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