Con "rebaje".

4 agosto 2024

Santana, domingo, calor, sin novedad. Solo que va aumentando la familia. Si se pasan un poco faltan camas. Cuento Alba, Miguel Ángel, Mª José, Ana, Miguel, mamá, yo, mi, me, conmigo, Sara, Capitán, Nala y no sé si me dejo alguno.

Te copio de mi Diario del pasado siglo:

   10 septiembre 1993.- Viernes, en Murcia, a las siete de la tarde, desde ayer soportando el calor asfixiante de la capital.

   La gente, como dije, vive las fiestas de un modo peculiar. Aquí, esta mañana, la Dirección Provincial de Educación estaba de bote en bote. Nadie diría allí, ni por pienso, que estamos en feria.

   Y lo que ocurría en las dependencias de la Dirección de Educación y Ciencia pasaba en el resto de los centros oficiales y no oficiales como en comercios y bancos.

   Ni por asomo se vislumbraban las fiestas y en cambio ahora sales a la calle y todo es un clamor, charangas por aquí, cabalgatas por más allá, ambiente de fiesta por todas partes.

   El Malecón se lleva la palma con sus dichosos Huertos que hacen su agosto tardío vendiendo morcillas a 20 duros y chatos de vino a lo que pidan.

   Pascual vino esta mañana con “rebaje” hasta el lunes. Creo que su mili es solo de nombre. Ahora deambula con Toñi por el barullo ferial. Iba a decir alboroto. Podría decir igualmente tumulto, confusión o caos. La feria es eso: ir y venir sin llegar a ninguna parte. Pero la feria es así y que no acabe nunca.

  ¿Dejamos los mayores a la feria o es al revés, que ella pasa de nosotros? La feria es la ilusión con que se vive ese ir y venir a ningún sitio determinado.

   Es como el tabaco. “He dejado de fumar”, dice alguien jactancioso. Y pronto lo vemos toser o respirar con dificultad. Lo que significa que no es él el vencedor sino el vencido. Filosofías aparte, la fiesta llega hasta aquí con músicas de charanga.

   Miguel se examinó esta mañana de algo. Ahora teclea en el ordenador. Debe sentirse como libre de un peso que lo atenazaba.

 

   PROBLEMA:

   Tres amigos van al bar a comer y le dan al camarero diez euros cada uno por el menú que les ha costado 9 euros.

   El camarero les devuelve cinco euros: “Me dice el Jefe que les devuelva cinco euros por su asistencia continuada".

   Cada comensal coge un euro de los cinco y los dos que sobran se los dejan al camarero.

   Pero uno de los amigos dice pensativo: “No me salen las cuentas: Si nos sale el menú a nueve euros 3x9=27, si le hemos dado dos euros de propina al camarero, ¿dónde está el otro euro?"


Francisco Tomás Ortuño   

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