Don Severo Ochoa.

25 Agosto 2024  San Luis

   Santana, domingo, las diez, sereno y sin novedad, si no es novedad que tuvimos la visita de Pilar, de Uge, de Miguel… y que lo pasamos bien con ellas y ellos. Te cuento del pasado:

 

   Dos noviembre 1993.- Dejemos constancia del fallecimiento, ayer, de un compatriota ilustre, premio Nobel y tal, don Severo Ochoa.

   Hoy todos a contar venturas suyas: que si la ciencia le debe tanto, que si trabajó en América, que si en bioquímica creó escuela… La radio la televisión, los periódicos, a ver quién dice algo que no se haya oído, parece que fuera la consigna de los medios informativos.

   -Al fin y al cabo, esa es su misión y de eso viven.

   Hay algo de la vida de don Severo que me ha impresionado sobre todo lo demás. Asegura que la vida acaba aquí y que no hay un más allá. Con toda su ciencia afirma que la vida es un misterio y que después no hay nada.

   Hombre, señor Ochoa, ya creía yo que su cerebro iba a darme alguna esperanza para seguir luchando en este valle. Ahora resulta que ha descubierto que la vida es un misterio y que después no hay nada.

   Pues si es un misterio, ¿qué le autoriza a saber la segunda parte? Podía haber dicho, por ejemplo: “Yo, Severo Ochoa, premio Nobel, dedicado a la ciencia toda mi vida, no puedo saber qué habrá después de la muerte”.

   Sería un consuelo para los que no hemos estudiado tanto, seguiríamos en la duda en que nos movemos los más de los mortales. Pero dejando allá lejos una lucecita encendida a la esperanza.

   Hay, don Severo, con su afirmación yo lo descalifico.

                                          Francisco Tomás Ortuño

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