La vida sigue su curso indiferente a todo lo demás.
29 Agosto 2024 Martirio de San Juan Bautista 242 – 124
Santana de Jumilla, jueves, temprano, fin de temporada como miles de currantes repartidos por playas y montes de España. A empezar de nuevo.
El día de ayer podía llamarse “la tía Ana Mari con nosotros”. Lina bajó por ella sobre las diez de la mañana y la bajó de nuevo sobre las diez de la noche.
Cosa que agradecimos porque, como buena jumillana, nos puso al corriente de los chismes que circulan por calles y familias de paisanos, paisanas y otras cosas.
Así supimos que Faustina está en la Residencia que han abierto en el Asilo, como Pepita Ortega, como Pepe el de Gúmez, y otros conocidos.
Que la Señora que compró la casa de la yaya Isahel ha comprado la casa siguiente donde vivían Maria Emilia y Paqui. Ha seguido con la casa de la Ochando y temen que siga con las siguientes de la calle La Labor.
Hasta piensan que quiere hacer viviendas para inmigrantes. Etc., etc. Y más cosas del chismorreo jumillano que si no son ciertas lo piensan que son.
Te cuento de mi Diario:
8 noviembre 1993.- Lunes, la vida, indiferente, sigue su curso, Pascual se fue a Cartagena después de pasar una semana en casa, Miguel estudia en su habitación, Lina hace lo propio en la suya, mamá prepara la comida y los ruidos que llegan de la calle hablan de lo habitual en los lunes y a estas horas de la mañana. La vida sigue indiferente su camino.
¿Indiferente a qué? ¿Indiferente a quién?
Me refiero a la vida, como algo distinto a los que viven o están en ella. Es así. Por una parte, está la gran Naturaleza -el sol, la tierra, el mar- como un vehículo gigante.
Por otra, los pobres diablos que juegan a creerse dueños y directores del universo.
¡Que ilusos! La gran Naturaleza es la obra de Dios y Dios la gobierna y la cuida: Cada planeta por aquí o por allá, cada estrella en su sitio. Todo sincronizado.
Pero de lo que surge en cada gran Naturaleza, Dios apenas se entera; es de tan poca importancia si lo comparamos con el cosmos:
Que hay un accidente en la carretera, que no beban los conductores, que lleven más cuidado, que hagan autovías más anchas o motores más perfectos, que en una lluvia se inunda una ciudad, que construyan diques o lo hagan encima de los montes, que hay un seísmo y mueren 100.000 personas, qué le vamos a hacer.
¿Pero Dios cómo va a estar en esos pormenores? Por eso, en este momento siento de corazón la frase que he dicho al principio: “La vida sigue su curso indiferente a todo lo demás”.
La Vida es lo grande, lo natural, lo cósmico. En cuanto a lo demás me refiero a ti, a mí y a nuestras cosas.
Francisco Tomás Ortuño.
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