Me gustaría que mi pueblo no fuese destruido, mi General.

8 Agosto 2024  Santo Domingo de Guzmán  Luna. 11 mañana 23 noche

   Santana, jueves, sin novedad. Ayer Pascual Jesús nos recordó una fecha importante de hace 46 años, siete del ocho del setenta y ocho, con un incendio descomunal.

   Son fechas como hoy de calor extremo, que hay que evitar lo que se pueda.

   De mi Diario:

   21 Septiembre 1993

  Ángel ha venido de Valencia con un amigo de Albatera -Carmelo-. Han comido con nosotros y van de paso. Dicen que van a trabajar al campo, en la cogida de granadas.

   Como es de suponer, mamá con Ángel no sabe dónde se encuentra. Cada día le tiene guardada una sorpresa.

 

   22 Septiembre 1993.- Vengo de la Escuela de Idiomas. Sigue en el mismo edificio que hace unos años, por San Basilio. He saludado a Esther, que conocí antes en la Dirección Provincial de Educación. Voy a matricularme de Quinto Curso de francés.

   

    23 septiembre 1993.- Días agitados estos por las matrículas: Lina en Pedagogía, Miguel en Tercero de Económicas, mamá en Teología, Ángel lo hará en Valencia de asignaturas sueltas de cuarto y quinto de Caminos y Veredas, yo de Quinto de Francés, Francis de Segundo de Órgano en el Conservatorio, y Pascual de su Tesis sobre “Cenizas y otros restos” para leer ante tribunal. Todo un récord de preparativos para el curso que se avecina. Del final, Dios dirá en su momento.

   José Miguel, nuestro vecino, me ha dejado un Cuento que le han premiado en un Concurso. Me ha gustado. Trata de los ejércitos derrotados carlistas el pasado siglo por los de don Alfonso XII.

   En la huida, el General que dirige el Ejército, se detiene a las puertas de un pequeño poblado. O seguir o detenerse a reponer fuerzas. O combatir más adelante con los que le persiguen o hacerlo allí para gloria de aquel lugar.

   Quiere saber si entre sus soldados hay alguno de este humilde pueblo. Sale un muchacho de mediana estatura, rostro hermoso y juvenil, mal uniformado, fusil viejo, manta sobre los hombros cubriéndole medio cuerpo superior, boina gastada y alpargatas deshechas por larguísimas marchas.

  “Mi general, yo nací aquí”. Y el General le deja la elección a este muchacho. Después de meditarlo bien y comprendiendo que de su decisión depende la perdición o la gloria de su pueblo. exclama sin titubeos:

   “Me gustaría que mi pueblo no fuese destruido, mi General”. Y el general ordena seguir adelante a la tropa sin detenerse a descansar.

   Te felicito, José Miguel. Parece tu prosa calcada de Pérez Galdós en los Episodios Nacionales, de tanta gloria para las letras españolas.

                                                   F.T.O.

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