Mis libros.

 20 Agosto 2024,

   Santana, martes, temprano, sin novedad. ¿Por dónde irá la Luna? Anoche la vimos salir redonda, grande, por los montes que dan al Carche. ¡Qué espectáculo! Eran las once.

   Hoy comeremos en el Bar San Agustín a celebrar la vuelta de Lina. Te cuento cosas de mi Diario:

   26 octubre 1993.- Desde hoy, los libros que recibiera con el periódico el Sol, hace dos años, están en este comedor. Son más de cien, más de doscientos. Una colección que pesa poco y que dice bien donde esté.

   Colocada a continuación de los Austral, son poco más o menos del mismo tamaño. El mueble, por tanto, queda fino, primoroso. ¡Cuántas historias en tan poco espacio!

    En tres estantes más de cien libros, muchos de ellos con varias narraciones. ¡Qué tesoro para un lector voraz! En la estantería de la izquierda, conforme se mira a la puerta que da al pasillo, se encuentran los libros de la colección RTV y los de Biblioteca Fundamental, también otros 200 en tres estantes o lejas. ¿A dónde irán a parar mis colecciones?

   Ahora los domingos con el periódico dan otro libro. Cuatro van ya que contienen las dos partes del Quijote. El próximo será las Coplas de Jorge Manrique.

   Las colecciones son siempre fascinantes. Diría, si son de libros, para mí además irresistiblemente tentadoras. ¿Qué me importa tener cuatro Quijotes, cinco o diez “Las leyendas de Bécquer” repetidas, o las poesías de Machado?

   ¿Qué más me da tener a Ortega en distintos libros, a Quevedo, a Dickens, a Azorín o a San Juan de la Cruz? Para mí son distintos encontrarlos con otra ropa.

   Algo así como ver a un amigo con distinto traje o con el mismo en distinto lugar. Si su trato te agrada, celebras su encuentro siempre, bien sea con ropa de trabajo, con sencillez franciscana, bien con un frac de gala.

   El Quijote, por ejemplo, lo tengo con varios ternos, desde el lujo de una bella encuadernación, en cuatro tomos, a estos menos ostentosos de la colección Austral, de la colección el Sol o de la que empieza la serie con el diario La Verdad.

   ¿Te quieres creer que por su pequeñez, su modestia y humildad les tengo cierta preferencia?

                                        Francisco Tomás Ortuño.

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