A capella.

  19 septiembre 2024  San Jenaro  Del año: 263 días pasados – 103 días por pasar; Sol: 8 a 20´16: Luna: 21 a 10´50

   Murcia, jueves, las nueve y sin novedad.

   A CAPELA:

   El término “a cappella” es una locución italiana que indica en las acotaciones de las partituras “solo vocal sin acompañamiento instrumental”, por lo que es una forma de canto que requiere mucha exigencia.

   En castellano se escribe “a capela”, y el término se ha popularizado más allá de los contextos técnicos musicales, para referirse en general a cantar sin acompañamiento instrumental.

   El origen de la expresión está ligado a la palabra italiana “capella” que significa capilla, ya que durante la Edad Media estaba prohibido el uso de instrumentos metálicos musicales en las iglesias.

   Sin embargo, se considera que el canto sin acompañamiento instrumental se creó en Mesopotamia, en el año 2000 antes de Jesucristo.

   El canto gregoriano es el ejemplo más claro de música a capela, como la mayoría de la música vocal sagrada del Renacimiento.

   Después “El Madrigal”, hasta que a comienzos del Barroco se le añadieron diferentes instrumentos. Paralelamente, se desarrolló la Cantata, una forma de canto acompañada de instrumentos.

   Y en el siglo XIX ya no se reservaba para las iglesias. Hoy sigue presente en el espacio musical mundial, tanto en grupos y artistas solistas como en películas y series.

                                         Francisco Tomás Ortuño.

 

   7 abril 1991.-

   El viaje de ayer a Jumilla fue de los que no están previstos, de esos que se organizan de pronto por un motivo inesperado. “El domingo -por hoy- iremos a llevar a la yaya y a traernos las placas solares, que parece que hay comprador”.

   Todo estaba organizado así, cuando, de pronto, surgió la noticia. Y es que el hombre propone y Dios dispone.

   -¿Y cuál fue la noticia?

   -Miguel ha muerto.

   -Pero ¿qué Miguel?

   -El padre de Miguel.

   -¿Cómo ha sido?

   -De un infarto.

   Adelantamos un día para asistir al entierro. Este Miguel llegó a Jumilla de Elche de la Sierra hace ya 30 años. Trabajaba de sastre con mi tío Jesús cuando yo estuve allí de Maestro.

   Cuando mi tío cerró la sastrería lo trajo a Jumilla a trabajar con su amigo Tébar. Luego pasó con Medina, y después se casó y se puso a trabajar por libre. Una historia sencilla sin grandes complicaciones.

   Por la noche, ya aquí, Pascual y yo vimos quemar desde la terraza el fenomenal castillo de fuegos artificiales. Eran las dos de la madrugada y ponía fin a los desfiles del Entierro de la Sardina y fiestas en general por este año.

   Creo que han sido las fiestas más sonadas de la historia. Por la tarde, a la vuelta de Jumilla, nos vimos negros para arribar a casa entre miles de coches y autocares que entraban a la ciudad.

   Miguel y Ángel bien podrán contar de estas fiestas, pues las están viviendo a tope, tanto de día como de noche. Mañana se volverá a la normalidad: cada pájaro volverá a su nido. Unos a la Uni, Ángel a Valencia, Lina al cole, mamá a sus clases, y yo al CEP.

   ¿Por cuánto tiempo lo del CEP?

   Un par de cursos más. Torrecillas me dijo ayer que se jubila, lo mismo que Juan José y otros compañeros. La jubilación, por mucho que digan que viene de júbilo, es preocupante.

   Esperanza dirá cualquier día: “He pensado jubilarme”, Tomás Ruiz Cánovas también me dijo que se jubila ahora. Son los últimos de filipinas.

   Me encuentro en la terraza. Será quizás el comienzo de una serie de subidas. Aquí, el panorama es soberbio y la paz descomunal. Solo se oyen de vez en cuando leves ruidos de lejanos coches y el piar de algunos pájaros que pasan cerca.

   Son las siete de la tarde, espléndida tarde abrileña murciana, que no tiene parangón con nada en el mundo.

                                         Francisco Tomás Ortuño.

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