¡Cómo se deshacen las familias!

28 septiembre 2024  Ntra.Sra.de la Merced  Sol: 8 m. a  8 t.

   Murcia, sábado, temprano. Ayer, entierro de Cándida, la hija de mi prima Antonia, hija esta de mi tía Pascuala. ¡Cómo se deshacen las familias!

   Santiago y Emilia, abuelos.

   Pascuala, Paco, Amós, Vicenta y Roque, hijos.

   Antonia y Emilia; Santiago y Anica; Santiago, José María, Emilia, Amós y Paco; Pascuala y Emilia; Santiago, Ovidio y Emilia, nietos.

   Los abuelos, se fueron. Los hijos, se fueron. De los nietos quedamos solo tres: Paco y dos Emilias.

   Y de los biznietos, ayer se despidió Cándida. ¡Cómo se deshacen las familias!

  

   RECUERDOS DEL AYER:

   5 junio 1991.- M1ércoles, en la terraza otra vez, con piar de golondrinas a mi vera, con una Sierra enfrente haciendo de barrera, cortando el paisaje como un muro que aposta hubiesen colocado entre Murcia y Cartagena.

   La Catedral queda a mi izquierda; solo veo de las campanas para arriba. A mi derecha, bloques de pisos, cielo despejado, solo brumoso, blanco y azulino.

   Las golondrinas, como aviones, cruzan el espacio en todas direcciones. El lugar es sencillamente delicioso. Un fresco agradable invita a pasar aquí las horas muertas mirando, escribiendo o escuchando el confuso piar de las golondrinas.

   El muro perpendicular que tengo enfrente, cierra la contemplación de nuevas lejanías, de nuevos horizontes; no había reparado antes, pero es una barrera poco grata y menos atractiva.

   Como un muro de contención, como una muralla China, como otro Muro de Berlín, infranqueable, coarta la visión. Hasta la huerta queda limitada, constreñida.

   La cordillera azul, que va de parte a parte, guardando similar altura, respetable altura, se convierte en mi obsesión esta tarde, oyendo a mi lado el piar de las golondrinas

 

7 junio 1991.- Estamos en los días más largos del año; son las 21:00 h de la tarde noche y me encuentro en la terraza, a cielo abierto, con sol y fresco que se agradece.

   Como es viernes, se piensa en la posible escapada mañana a los Urrutias. La marcha a Valencia se deja definitivamente para otra semana. El hombre propone y Dios -la mujer- dispone.

   ¿Qué me ocupa estos días? Si, algo me distrae sobre otras cosas: un libro nuevo cada mañana con el periódico El Sol. Hoy ha sido el número 41 titulado “Diablo” de Jack London.

    Suenan las 9 campanadas de la hora en el reloj de la torre próxima. Decía que con el diario El sol cada mañana recojo un libro. Muchos harán lo mismo.

   ¿Se leerá más así? Confiemos que así. Yo por mi parte acabo de leer “El burlado,” una de las historias que lleva el libro. sin el libro quizás no hubiera leído esta historia. Y este verano, ratos garantizados de lectura nueva con tales libros.

   Me temo que un porcentaje alto de coleccionistas no leen los libros. Sería curioso hacer la prueba. Por ejemplo, cambiar unas hojas por otras de otro libro.

   Y advertir debajo que si tal ocurre que se cambie en el mismo kiosco. ¿Habría muchos cambios? Así se podría saber el número de lectores reales.

   Una avioneta pasa por encima de la terraza. Por la dirección iba a decir que a San Javier, pero veo que vuelve. ¿Será una avioneta de placer, de paseo? Pronto, estos aparatos proliferarán como las moscas.

   La competencia en los periódicos debe ser terrible. Los mismos lectores, las mismas noticias, y tantísimos periódicos. Pasará como con las emisoras de radio o televisión: a la casa del cliente.

   En los bancos ocurre otro tanto. Así que, la vida es una lucha a muerte por sobrevivir. Yo doy un libro; yo una botella de vino; yo una colección de estampas; yo escritores murcianos.  

   ¡Qué lucha tan terrible me llevan entre manos! Y nosotros al margen de la cuestión y al mismo tiempo protagonistas en la guerra que se libra.

   Las golondrinas pasan cerca con su guiriga y confuso de gritos estridentes. La luz de la tarde se va yendo a pasos largos. Ruidos de coches llegan de la calle. Algún cohete que otro explota en la lejanía.

                                      Francisco Tomás Ortuño.

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