Françoise.
3 Septiembre 2024 San Gregorio Magno
Murcia, martes, temprano, sin novedad. Con la enorme y grata novedad que Ángel está con nosotros.
Te cuento:
17 noviembre 1993.-Miércoles, día precioso, azul, la una y media del mediodía.“Je´viens d´arriver”. Françoise. la profesora de francés, nos ha presentado hoy a la nueva profesora de los jueves o “lectora”.
No recuerdo cómo ha dicho que se llamaba. Es alta y delgada y lleva unas gafas grandes. Tendrá unos 25 años poco más o menos. Dato que al fin y al cabo importa poco.
Ha pasado la clase como un alumno más, en su pupitre, frente a la mesa de Francoise, que será la suya en los jueves sucesivos.
¿Qué pensará una profesora nueva que tiene que enseñar su lengua, puesto que para eso viene y para eso le pagan? Tiene que ser una labor fácil, agradable, cómoda, hablar en tu propio idioma como único trabajo.
¡Cómo me hubiera gustado a mí, cuando empezaba mi vida laboral, presentarme en un centro francés a enseñar el español! En cambio, Francoise hoy ¿o me lo habrá parecido? estaba algo nerviosa con la nueva alumna, que miraba a unos y otros sin abrir la boca.
Mi experiencia me dice que el mejor profesor no actúa lo mismo solo que acompañado; la soltura de otras veces se resentía hoy en Francoise. “¿Por qué se dice allí la Sale y aquí el cine?”, preguntaba alguien.
Y Francoise explicaba sin convencer. ¿Por qué será que en estas situaciones los alumnos preguntan más? ¿Es el nerviosismo del profesor el que provoca la pregunta?
Es tan sutil el tema o asunto que apenas se vislumbra, pero está ahí. Algo te advierte que no es igual el ambiente en ambos casos y los niños mayores lo detectan.
Igual que el miedo de las personas lo detectan los animales. ¿Qué hace que un perro siga tranquilo sí uno no le teme y que se altere y ladre si le tiene miedo?
En la clase de hoy algo denotaba tensión en la profesora, como tirantez o nerviosismo. “¿Como diríamos entonces esta frase?”. “Pues antes has dicho otra cosa”. No es lo mismo o
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