Licenciado.
15 septiembre 1993 Ntra. Sra. de las Angustias 289 – 77 Sol: 8´26 a 19´34 Luna: 18´35 a 6´59
La bendición; la semana pasada llevé a mis dos hijos a comer en una cafetería. El de 6 años pidió bendecir la mesa. Sonreí. Le dije que sí y los tres nos concentramos, inclinando ligeramente la cabeza.
Entonces dijo con todo desparpajo y naturalidad: “Dios es grande, Dios es bueno, gracias, Señor, por estos alimentos. Y también te agradeceré mucho que papá pida helado para el postre, Libertad y Justicia para el mundo, amén”.
Las personas situadas en las mesas cercanas oyeron perfectamente la voz chillona de mi hijo. Unas rieron y otras sonrieron. Pero también oí el comentario de la señora de la mesa de al lado:
“¡Qué país!, los niños de hoy en día no saben ni rezar. Jamás se me ha ocurrido a mí pedir un helado en la oración”. Mi hijo se echó a llorar. “¿He hecho algo malo, papá?”. ¿Está Dios enfadado conmigo?
Le abracé y le aseguré que su bendición de la mesa había sido estupenda y que desde luego de ninguna manera Dios estaba enfadado con él.
Mientras tanto un señor mayor se había acercado a nuestra mesa, le guiñó el ojo a mi hijo y le dijo: “Resulta que yo sé muy bien que Dios está de acuerdo en que tu oración ha sido muy buena”.
- ¿De verdad?, preguntó mi hijo.
- Te lo prometo, dijo el señor. Y con cierto tono solemne y teatral, añadió: “Mala cosa es que “ella” nunca haya pedido un helado a Dios. De vez en cuando un poco de helado es bueno para el alma”.
Como es lógico, pedí helado para el postre. Cuando lo trajo el camarero, mi hijo lo miró fijamente durante unos segundos e hizo algo que no olvidaré el resto de mi vida:
Tomó en sus manos el plato con el mantecado y sin decir palabra fue donde la señora y lo coloco delante de ella; con una gran sonrisa le dijo: “Es para usted, de vez en cuando un poco de helado es bueno para el alma, y la mía ya está bien”.
Francisco Tomás Ortuño.
Te cuento cosas de vuestra juventud:
8 de diciembre 1993.- ¿Cómo no dejar constancia en nuestro cuaderno de crónicas, fieles todas ellas, de que ayer se licenció Pascual Jesús? Día importante en la familia.
Y, ¿cómo no?, en su biografía particular: “Nací el 20 de marzo de 1969, me licencié el 7 de diciembre del año 1993, y además con una hoja brillante de servicios, que, sin duda, haré llegar orgulloso a mis hijos”.
Por si quisiera recordar más cosas del importante día de mi licencia, le diré que operaron de próstata a su tío Pascual en la clínica murciana de San Carlos.
Que nos hicimos, recién llegado del cuartel, una foto familiar en la Plaza de las Flores, para renovar nuestro carné de familia numerosa.
Que mamá estuvo pachucha con su azúcar en sangre y tuvimos que ir a Belén. Y, bueno, otras cosas así de poca monta, de más o menos, como es todo lo de este mundo pasajero.
-¿Se diferencia mucho, entonces, “queda libre del Servicio Militar, de las otras cosas triviales que nos suceden a diario?”.-
-Creo que sí. El ser un hecho único en la vida, ya tiene relevancia sobre lo que se repite. El empezar en serio, desde ya, su etapa adulta, de cara a la vida sería de trabajo:
-independencia familiar, matrimonio, y otros aspectos que conlleva- lo hace el rey del universo. Su edad, su salud, su Toñi, su carrera, su mili cumplida… ¿Se da cuenta de lo que tiene? Que lo disfrute muchos años y nosotros que lo veamos.
Si leyera esta soflama alegaría para sus adentros: “Sí, pero ahora hay que estudiar para sacar unas Oposiciones, leer la Tesis, terminar el CAP…
Y yo le contestaría que sin todo eso la vida no tendría sentido a sus años. Que siempre en el camino encontrará dificultades y en irlas venciendo está la sal, el orgullo de la vida.
Ángel partió para Valencia esta mañana. Francis vendrá a comer. Pascual comerá con Toñi en su casa. Ya la tenemos con la lengua: “Ese posesivo “su” no aclara si es en la casa de Toñi o de Pascual”.
Habría que decir: “Pascual comerá con Toñi en su casa de esta”, para evitar anfibologías o ambigüedades". Pues sea.
Francisco Tomás Ortuño.
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