Caminar incesante.

24 Octubre 2024 San Antonio Mª Claret Luna: 0´24 a 16´0

Murcia, jueves, sin novedad.

PARA PENSAR: El conocimiento es poder.

Te cuento del;

   27 de agosto 1991.- Nos vamos acercando al fin sin darnos cuenta. El verano se va. El ambiente tiene un no sé qué que lo pregona. No es que haga frío, que hoy luce el sol y hasta, si quieres, aprieta el calor.

   Pero algo te dice que no es lo de antes: julio es julio y finales de agosto, por mucho sol y lo que quieras, es un viejo caduco que a la legua se ve que trompiquea.

   El baño se piensa, los libros se van dejando, las maletas se miran, todo indica que el verano toca a su fin.

   Ángel ha vuelto del pueblo. Se decide a seguir en Valencia donde estaba. Pero ya su compañero Miguel Ángel contaba con otro amigo para el piso. Ya Bautista despotrica que por qué no lo ha pensado antes. Todo se conmociona.

   ¡Ay, Ángel: hay que hablar poco y prometer menos! No hay que echar las campanas al vuelo por cosas que no son seguras.

   Recuerdo otra vez a Juan Miguel, quien, siendo ya ingeniero, fue a trabajar a una oficina. A los varios meses, lo contrató una empresa.

   Cuando dijo que tenía que marcharse y los motivos, desde el jefe al compañero de mesa quedaron asombrados por su silencio. Ahí está el ejemplo a seguir.

   Lina ha bajado al pueblo con Miguel y con mamá. Asomarán de un momento a otro. Con ellos han llevado un cuadro restaurado de Consuelo Martínez.

   Pascuala lleva un verano de trabajar como en sus buenos tiempos: “Esta acuarela para ti, está para ti, este cuadro para ti”, No deja de pintar y regalar: a la prima Pascuala, a su Roque, a su tía Ana… Goza dando sus cuadros.

   En el fondo de mamá puede haber otro móvil escondido, que ni ella misma vislumbra. Es harto complejo el fondo de nuestras acciones.

   Obramos por algún deseo inconfesado o desconocido. Somos genéticamente así y así actuamos queramos o no.    ¿No decíamos que los cromosomas nos hacen?

   Tú heredas unas maneras en la sangre y actúas de acuerdo con tu herencia. Yo soy de la Yaya Lina, Roque de la Yaya Isabel, mamá del abuelo Inocencio.

   Y esa herencia pesa tanto que somos esa herencia, y nos hacemos únicos en la especie por la combinatoria genética recibida.

   Y cuando se es como se es, de tanto ser así, se desconoce uno mismo, como el pez que no ve lo que hay fuera de su elemento natural.

   Uno es como es y desconoce otro modo de ser en su vida. Hace falta que otra persona lo analice para saber a qué obedecen sus actos.

   Todas las acciones nuestras obedecen a algo que las produce. Por ejemplo: Ángel va al pueblo y vuelve, sube al estudio y baja enseguida, se baña, sube piedras… ¿no es un indicio claro de su revuelto mundo interior?

   Y en el caso de mamá, en su fiebre creadora y su desmesurada filantropía, ¿no obedece a motivos ocultos que yo vislumbro y me callo?

   OTRO MOTOR:

   El motor de Valero zumba como una moscarda. La luz en su casa la produce un grupo electrógeno. Los padres no vienen ni poco ni nada, pero los hijos mañana y tarde con el motor encendido.

   Juan Miguel, con su guitarra, ensaya con un grupo de jóvenes con instrumentos musicales. El sitio es ideal, pero el motor hace un ruido que no se lo deseo a nadie.

                                   Francisco Tomás Ortuño

   Y ahora, el Prólogo que puse a mi libro “PARTOS MENTALES“:

   La vida nuestra es un caminar incesante. “Nuestras vidas son los ríos…” que dijo Manrique en sus Coplas. Largos trayectos, con poco reseñable unas veces y otras con sucesos relevantes yuxtapuestos.

   El año 1993 fue, sin duda, en la familia nuestra, de estos últimos. ¿Te imaginas a Don Quijote por una vereda manchega? Si en algún descanso, en una venta quizás, se detuvo a mirar lo que llevaba andado, observaría con asombro que en determinados momentos de su peregrinar no ocurrió nada, mientras que en otros hubo aventuras importantes, ocurridas a la misma vez.

   Esto me ha ocurrido a mí con el año 93. Cuando los ecos de la Exposición Universal de Sevilla se apagaban, cuando los Juegos Olímpicos de Barcelona iban siendo historia, cuando parecía que nada nuevo podía ocurrir, advertí con estupor que la vida, como en la canción, seguía.

   Y no solo continuaba, sino que lo hacía con especial virulencia dentro del ámbito familiar, que era, en definitiva, lo que a mí más me importaba.

   Digo que mirando hacia atrás en mi camino y viendo lo acaecido en la familia, vi que en estos meses ocurrieron hechos singulares que era obligado guardar.

   Hechos que mis hijos luego querrán recordar como importantes que fueron en nuestra vida: es el año de mi jubilación a los 60 abriles, tras 40 de servicio.

   Está la muerte de la Yaya Isabel -13 de septiembre-; el Servicio Militar de Pascual en Cartagena y su licencia; aparece la figura de Toñi, que poco a poco va formando cuerpo en la familia.

   Ángel viaja a Hungría, conoce a Ana, futura madre de sus hijas… Y así, una serie de eventos, que justifican mi libro, que recoge estos meses y título “AÑO 1993: SUMA Y SIGUE”.

         Francisco Tomás Ortuño, 91 años, 3 meses, 23 días, 9 horas.


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