Con pulmonaria.
31 Octubre 2024 San Alonso Año: 305 – 61; Sol: 7´44 a 18´12; Luna: 6´40 a 17´33
Murcia, jueves, toses y constipados en casa, noches de pulmonaria.
Te cuento de mi Diario:
15 Sepbre 1991.-
Domingo, media tarde, cielo azul manchado aquí y allá. Ayer, con Amós en Punta Brava ni siquiera esas manchas. La gente se bañaba como en plena canícula.
¡Cómo se resisten los adictos a dejar la arena! Anteayer, en Santa Ana, tres cuartos de lo mismo. Los vecinos aguantan lo que pueden en sus casas de verano. Septiembre es así.
En Murcia es la feria, con toros, barracas y moros por San Esteban. un mes simpático para todos los gustos. Esta mañana, por ejemplo, hubo Misa a las 12 en la Catedral oficiada por el Obispo.
la Catedral estaba a rebosar de gente. En procesión llevaron a la Fuensanta entre vivas y aplausos. ¿Qué tiene la Virgen que mueve de esta manera nuestros corazones?, dijo monseñor Azagra en su homilía.
vivimos mejor que nunca, pero nos hace falta estar con ella para sentirnos bien. Al final, se cantó el himno a la Virgen con la gente en pie, con altas cotas de emoción en su gargantas.
LA PITONISA
- ¿Quién es usted, caballero?
- Soy don Felipe, el Presidente del Gobierno español.
- Parece estar nervioso; descanse primero y dígame luego qué desea.
- Descansar ha dicho. ¿Quién pudiera?
- Pues descargue su conciencia cuando le plazca, que le escucho.
- Señora pitonisa, no se trata de confesar, más bien de saber qué está ocurriendo en España, en el mundo entero, ¿me comprende?, y mejor, lo que va a ocurrir. ¿Sabe? Ay, Señora Pitonisa, ¿es que nos hemos vuelto locos?, que si los vascos, que si los catalanes, que si los comunistas… Mire, así no se puede vivir. Con lo bien que estábamos hasta hace poco.
- Ya, ya veo lo que quiere. Presidente, con razón le veo estos días corriendo de la ceca a la meca.
- No es para menos, como lobos se me echan encima unos y otros.
- Tranquilo, Presidente. Consultemos a la Bola del Saber, pero siéntese primero y relájese, don Felipe. A ver, a ver, Bolita, Bolita, muéstrame el futuro de este hombre, que no duerme y se nos muere de susto.
- Bola: Oscuras zonas hay en su futuro. Trabajo me va a costar.
- Pitonisa: Afina, Bolita, afina, que nuestro cliente pagará bien y al contado.
- Bolita: Me concentro, Pitonisa, me concentro, profundizo. Ciertas partes se ven mejor, a ver, a ver...
- Pitonisa: No pares, Bolita, alumbra esas zonas oscuras y habla, que en tu ciencia confío.
- Felipe: ¿Qué dice la Bola, Pitonisa
- Pitonisa; No está muy claro, don Felipe, no es fácil, la Bola del Saber está sudando la gota gorda.
- Bola: Ya, ya veo, pero movido, convulsionado, no hay fijeza de imagen, todo cambia constantemente.
- Felipe: ¿Dice algo, Señora Pitonisa?
- P.: Yo solo traduzco, y los mensajes que recibo no son explícitos, Presidente. Veamos, ¿qué es lo que más desea saber?
- F.: Pues, todo; ¡no lo comprende? por ejemplo, ¿qué va a ocurrir con el País Vasco?
- P.; Bolita, ¿puedes contestar a la pregunta de mi cliente?
- B.: Sí, con El País Vasco que no cuente; en pocos días será más independiente que Letonia.
- F.: ¡¡¡No!!!
- B.: Sí, como Cataluña y otras nacionalidades que se Irán después.
- F.: ¡Ay, Dios mío, ¿qué va a ser del Partido Socialista? B.; Malos vientos corren para los socialistas, don Felipe.
- F.: Pero ¿y el gobierno que tenemos en España?
- B.: La nave hace aguas, Felipe, sálvese quien pueda.
- F.; ¿Qué dices?
- B.: La convulsión es más grande de lo que crees.
- F.: ¿A qué convulsión te refieres, desgraciada?
- B.: Oiga, sin insultar, que yo me limito a decir lo que veo.
- F.: Perdona, Bola Sabia, ¿qué más ves?
- N.; Como he dicho desorden, cambio, ruido, pero a nivel mundial. Más allá quietud y armonía.
- F.:Y yo ¿dónde estoy yo, Pitonisa? ¿sigo en el Gobierno? B.: En España veo solo…
- F.: ¿Qué?
- B.: Gente bailando, toros, playas…
- F.; ¿Qué más?
- B.: Fiestas, fútbol, gente que ríe y que baila abrazada como si fuera de romería.
- F.; ¿Solo eso?
- B.: Campos cultivados, montes repoblados…
- F.: ¿Y de Gobierno?
- B.: No veo que nadie se preocupe del Gobierno, no veo a nadie que gobierne.
- F.: Pero un país necesita ser gobernado.
- B.: Pues España parece pasarlo bien sin tantos que la gobiernen.
- F.: Ay, Dios, qué cambios, ¿qué va a ser de mí?
- B.: Prepárate, Felipe, a ver cosas gordas que se avecinan.
- F.: Adiós, Bola de cristal, adiós Pitonisa, si preocupado vine, más preocupado me voy.
- F.: Adiós, Presidente.
- Francisco Tomás Ortuño.
PRÓLOGO A MI LIBRO “HOY COMO AYER”. AÑO 1990
A la hora de escribir el prólogo de un libro nuevo, me ocurre siempre que tengo prisa por hacerlo.
No pretendo disculparme por lo cortos que resultan o por su falta de sustancia, no. Es que creo que es un aditamento innecesario.
Solo deseo en esos momentos, ya acabado el libro, con su Índice a cuestas, su Dedicatoria y su Título, ir a encuadernarlo para que ocupe con los otros el lugar que le reservo.
Pero como el Prólogo es algo que llevan todos los libros, no quiero que los míos vayan huérfanos de esta parte, que se coloca al principio, y que trata de explicar a qué obedece el título, de qué va el contenido y quién es el autor.
Yo desearía tener padrinos que me exoneraran de esta obligación y que al mismo tiempo alabarán mi obra y mi persona como suelen tener otros.
Pero a falta de los mismos, diré que el título que le he buscado obedece ni más ni menos a que la vida que se relata en sus hojas del año 1990.
Es como la vida anterior a dicho año. El discurrir de los acontecimientos varía poco o nada. Es la misma corriente que se mueve hacia el futuro por el cauce establecido previamente, la cual presenta en su movimiento formas diversas como un Cali calidoscopio al girarlo.
En cuanto al autor, no me parece honesto alabarme. El libro dirá de mí lo que yo callo, o quizás tú, más inteligente de lo que piensan los demás, podrás formar tu propio juicio.
Y es verdad que si intentara yo mismo decir quienes el autor, por más que parezca tan sencillo. no lo tendría fácil. ¿Quién se precia de conocerse en el fondo? Solo quien nos hizo, y dudo que del todo sabría decir a qué obedecen nuestros actos y nuestros pensamientos.
Con estas palabras de compromiso, salgo del paso en la obligación que me había impuesto. Ahora sí, ahora me siento suelto y libre para añadir mi nuevo ejemplar a la colección.
El autor Francisco Tomás Ortuño.
Comentarios
Publicar un comentario