El juguete.
27 Octubre 2024 San Evaristo
Murcia, domingo, s.n.e.c. gracias a Dios.
La torre de San Antolín está justo enfrente de mi ventana. Es una torre original, poco pretenciosa. Arriba del todo, como remate, hay una imagen de la Virgen.
Es una Virgen esbelta, alta, proporcionada. Debajo, a sus pies, cuelga una campana grande. Las cuatro columnas que conforman este remate de torre están sin terminar.
De las columnas parten los hierros que forman la bóveda del campanario. En otro cuerpo de columnas, debajo de la anterior, dejando igualmente ver lo que hay dentro, se ven otras campanas más pequeñas.
Algún día cubrirán estas columnas y la torre esconderá púdicamente sus interiores. Hoy la torre es un esbozo de torre, un apunte, que deja la iglesia sin terminar.
Los ecos de las campanas, como vuelo de pájaros asustados, se desparraman por el barrio. La Iglesia es como una Catedral de grande. Enorme. Columnas colosales, delante del presbiterio, sostienen la techumbre, la torre sin acabar.
Ayer se celebró la fiesta de San Antolín. La iglesia estaba llena de fieles. Una Peña de huertanos, ataviada con el traje de la tierra, tocaba guitarras y bandurrias.
5 septiembre 1991.- El calor nos tiene entre las cuerdas. Es duro de pelar. Aunque ya será por poco tiempo. La gente huye por las calles. Va y viene, anda deprisa, no puede parar, si no es en un local refrigerado.
Estos locales -bares, supermercados- son algo así como piscinas para librarse del asedio solar. No puede aguantarse el calor en Murcia.
Por la tarde, de las 7 en adelante, una brisa fresquita alivia el ambiente y sosiega los ánimos. Trabajar en Murcia sin aire acondicionado es un suplicio.
Los goterones de sudor ruedan por el rostro. “¡Qué calor!”, se dice en todas partes. Algún gracioso, por ser distinto, exclama: “¿Cuándo acabará esta ola de frío?”.
Los viandantes se cruzan sin decir palabra como meteoritos: unos hacia allá, los otros del otro lado, saltando de sombra en sombra.
A mediodía, cuando se sale del trabajo y el sol cae perpendicularmente, de plano, los unos se achicharran y los demás, sobrevivientes, llegan a casa a punto de derretirse. Vivir en Murcia estos días es un acto de heroísmo.
Francisco Tomás Ortuño.
Evolución del juguete.- Todo cambia. Veamos solo con algunos ejemplos, la evolución del juguete:
En 25 años, desde la década de los 90 hasta hoy: en los años 90 existían cinco canales de televisión. Después de 2010 los contenidos multimedia son prácticamente infinitos.
Antes había un juguete que todos querían y que se agotaba rápidamente. Hoy interesan las marcas de moda, los niños quieren algo, lo que sea, de una marca.
El mundo adulto ya no es el tema principal del juguete, ni predomina el juego de imitación de la vida real; ahora los mundos de fantasía de las series y los videojuegos son los protagonistas. Destaca el juego de mundos imaginarios.
Los años 90 fueron el inicio de la tecnología en España. Hoy en día domina el mundo infantil y el del adulto.
Desde los 90, sigue bajando la edad de jugar con juguetes como tal, mientras que el juego ya no es cosa de niños y se ha extendido a los adultos, sobre todo los juegos digitales.
Hoy van ganando en importancia los juguetes con efectos electrónicos, complejos e interactivos. Son sofisticados y tecnológicos.
Francisco Tomás Ortuño.
De mi libro “Peces Nuevos”:
A manera de Prólogo. El año que me ocupa en este libro es harto interesante conservar. Constituye uno de esos períodos de los que luego la historia apenas dice nada, como si no hubiera existido, con la vista puesta siempre más allá, en el mítico y deslumbrante 92, se vive como de puntillas, sin reparar en el presente.
El año 1991, siendo un año decisivo en tantos aspectos de la vida, para España y para el mundo, queda gris, desdibujado y nebuloso si no barrido y anulado por el siguiente de las Olimpiadas de Barcelona y de la Expo de Sevilla.
Estos sucesos que reseño día a día, con la fuerza de lo presente, de la instantánea puntual y palpitante, pueden servir con el tiempo para hacernos ver que el 1991 no fue un año fantasma y quimérico que pasara por la vida como un espectro, sino tan real y necesario como cualquier otro año de la historia, con sus gestas y sus hazañas, sin las que la historia quedaría mutilada.
Si lo que cuento es útil para alguien en el futuro, me doy por satisfecho; y si algo de lo que digo ¿quién sabe? despertara en alguien pensamientos o acciones que le llevaran a ser mejor, el autor habría recogido más cosecha de la esperada.
Francisco Tomás Ortuño, Doctor: 91 a., 3 m., 26 d., 9 h.
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