Risa y llanto.
13 Octubre 2024 San Teófilo de Antioquía
Murcia, domingo, las ocho y sin novedad. Silencio dentro y fuera. Ayer en “La Condomina” a punto estuvo de armarse con los daneses, que querían ganar el partido y lo perdieron.
LARA:
Siempre se aprende. Don Cándido Lara, el popular fundador del teatro que lleva su nombre, se dirigía en cierta ocasión al coliseo en compañía de su secretario.
Don Cándido iba de levita y chistera; al pasar por una carnicería se fijó en un escaparate.
-Mira, Bartolo, dijo a su secretario, qué chuletas de ternera tan estupendas; vamos a entrar a comprar un kilito.
Hecho el pedido, el carnicero cogió el cuchillo lo afiló varias veces y se dispuso a cortar. Al segundo corte que dio a las chuletas le dijo don cándido:
-Mala maña tiene usted para cortar chuletas, amigo.
El carnicero se le quedó mirando y contestó malhumorado:
-No pretenderá usted enseñarme.
-Hombre, si me da usted un cuchillo puede que sí.
El carnicero se lo entregó a Lara con su chistera y su levita; empezó a cortar las chuletas de modo perfecto ante el asombro del carnicero y de cuántos estaban en la tienda.
- Ve usted, se cortan así. Y a otra vez no se enfade cuando le hagan una observación. En esta vida nunca termina uno de aprender.
Francisco Tomás Ortuño
30 julio 1991.- Las diez a.m. El mismo escenario que ayer, con Pascual estudiando en su habitación y los demás en el pueblo.
Mamá va al médico de paso. Su “depre” es alarmante. La risa y el llanto se confunden en ella. Igual llora que ríe o ríe con lágrimas de llanto.
¿Dónde está el dolor que hace llorar? ¿Dónde la risa que hace reír? Llevamos un yo escondido, vigilado por la razón. Freud lo vio como yo ahora y le dio el nombre de ego.
Cuando menos se cata el vigilante, da la cara y se muestra como es. Ese yo escondido, como encerrado en la bodega del alma, es sincero, se expresa como siente, libre de prejuicios.
Ahí radican el llanto y la risa, saliendo a veces juntas del mismo manantial. Ese yo o ego freudiano es el yo verdadero, con sentimientos propios, con amor y desamor, con risas y con llantos.
El otro, que mira lo que está bien y lo que está mal, lo que es prudente o lo que no corresponde, ese no es el yo de verdad, es un mandado, un vigilante para esconder al verdadero.
-Quiero, quiero, quiero, dice el auténtico.
-No debes, no debes, no debes, le ordena su compañero.
La lucha que mantienen a veces es desesperada, a muerte: “Que sí, que no; que sí digo yo, pues yo digo que no”. El primero se amodorra y se duerme.
La risa y el llanto nacen juntos del mismo hontanar. Quien sufre y goza, llora y ríe, al soplo de una brisa, los sentimientos van con él yo íntimo, que todos tenemos y quieren manifestarse con la cruda sinceridad de los niños.
Mamá últimamente llora y ríe, más llora que ríe, diría que llora solamente. La muerte de su hermano la ha sumido en infinitas tristezas, por más que su razón, su súper yo o superego le digan lo contrario.
1 agosto 1991.- ¿Cómo pasar de largo el uno de agosto? Dejemos constancia de él.
Ayer estuve en Alicante con José María. Sobre las siete de la mañana, ya con sol, pasamos por Pinoso, por Elche…
¿Por Santa Pola?
Si. Allí comimos y casi nos bañamos.
¿Y a qué fuisteis a Alicante?
Visitamos a un señor en su despacho, frente al mar, con vistas preciosas de playas y barcos al fondo.
- Cuenta, cuenta.
- Este señor no hacía más que llamadas telefónicas. ¿Sería por deslumbrar, que solo hablaba de millones? ¿Diga?
- …
- Sí, soy Hervás, Andrés Hervás.
- …
- Por mil doscientos millones lo compramos.
- …
- Si hay que dar más se da, pero no se puede dejar la compra.
Nosotros nos mirábamos asombrados. Colgaba y seguía con nosotros:
- Por “lissing”, usted puede comprar lo que salga; pero lo que más interesan son Estaciones de Servicio, ¿comprende? Y si encuentra un terreno de 20.000 hectáreas para un supermercado, por lo que pidan.
Suena el teléfono.
- Sí, aquí Hervás.
- …
- ¡Hola! Comemos juntos para hablar del tema.
- …
- Siento que tengas que irte; bueno, la hipoteca se levanta y ya es cosa de veinte millones arriba, veinte millones abajo.
- …
- De acuerdo, sí, de acuerdo, adiós.
Vuelve con nosotros:
- Así que, usted, compra que le salga, nos lo dice.
- Yo pensaba que se trataba de prestar dinero a bajo interés.
- Sí, eso es, pero el lissing opera más con todo tipo de compras.
- Pero…
- Nada, yo le escribiré una carta con lo que pretendemos de usted en Jumilla, y de sus comisiones. Y ya sabe, operaciones de un millón de pesetas, no valen la pena. Si se entera que venden Estaciones de Servicio, me llama, al precio que sea.
Suena el teléfono.
- …
- Si, Hervás al aparato.
- …
- ¿Mil millones?, hecho. Voy a verte, no te muevas.
José María le deja una tarjeta de visita.
- Escríbame a esta dirección.
- De acuerdo, esta noche mismo. Por la ventana se ve el mar. Son las tres de la tarde.
Antes de salir aún oímos el teléfono preguntando sin duda por el señor Hervás Navarro y ofreciendo alguna operación multimillonaria.
Francisco Tomás Ortuño.
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