A morirte trabajando.
21 Noviembre 2024
Murcia, jueves, sin novedad. Te cuento de atrás:
17 diciembre 1991.- Se toca la Navidad. Como un obús se acerca, como un tren o como un cometa. Con la misma celeridad se irá. Después, se perderá en la nada, se hundirá en la tenebrosa oscuridad del pasado.
Otra Navidad que llega y que se va, como aquella que vivió Alarcón cuando niño y despertó su alma de filósofo: la Nochebuena se viene, la Nochebuena se va… Eterna canción de los humanos.
¿Que cómo es este día? Azul por arriba, tranquilo por abajo. Mamá se fue al Palmar, Lina a su instituto, Pascual Jesús y Miguel en casa, y yo en el Centro de Profesores hasta el viernes.
¿Por el ancho mundo? De todo: unos con paz, otros con guerra, otros con hambre… No son muy buenas las noticias, muy optimistas, muy tranquilizadoras.
El siglo acaba y el mundo no sé enmienda. En realidad, el cambio de siglo y de milenio es solo un mojón en la carretera. No se puede esperar de él milagros. Yugoslavia se destruye, La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas se rompe a pedazos, África se seca, Asia se muere de hambre, América se aniquila, ¿qué quieres que te diga?
El planeta, tan grande y hermoso, no va por buen camino. Mira por dónde, la próxima Navidad, la que tocamos de tan cerca, podría ser la Navidad histórica de todos los tiempos, sí el Eterno Rey de cielos y tierras dijera:
“¡Basta ya, hijos míos, criaturillas indefensas, de sufrir!” Y con su poder nos diera luces nuevas para llevarnos bien unos con otros. Y nos desposeyera de egoísmo, de vanidad, de envidia, de avaricia.
Mira por dónde, podía ser esta la Navidad que todos deseamos. Señor, tú que nos creaste y nos hiciste tan poco inteligentes y menos gobernables por nosotros mismos, dignate venir a poner orden o a cambiarnos estructuralmente.
Solo tienes que proponértelo: tú lo puedes todo y lo sabes todo. Y no me digas que tus ocupaciones no te dejan, porque fuera de este grano que pusiste en tu creación, fuera de este tumor que le salió a tu obra, ¿qué hay aparte que te entretenga?
¿O es que además de nosotros hay otros mundos habitados con criaturillas como las de aquí? Aunque así fuera, Señor, ven con nosotros, atiéndenos, que está la cosa pero que muy mal, y puede explotar el día que menos lo pienses.
Si tú quisieras, Señor, este era el mejor momento para venir con el pretexto de que acaba el año mil. Te presentas, te haces el encontradizo, y ves en qué ha quedado lo que hiciste.
Porque, igual estás arriba creyendo que hemos alcanzado la felicidad. Tú vienes y observa. Cuando te pongas en la onda, cuando sintonices con nosotros, comprenderás que hay que intervenir, o cambiarlo todo o enmendar muchas cosas.
Así no, así está llegando al límite de locura, unos respiran, pero la mayoría se asfixia; algunos aún comen, pero los más no tienen nada que llevarse a la boca. No, así no puede seguir, ven por aquí, que nos tienes abandonados.
Date una vuelta por este rincón del universo, haz el milagro esta Navidad: tú vienes y ves cómo vivimos y luego me dirás. No es porque yo me queje, no, sino porque veo que los demás se matan. Hay mucha envidia, mucho mal en los corazones. Tú flores se han convertido en cardos y en malas hierbas.
Tu siembra se ha perdido. No solo no ha fructificado, sino que se ha maleado, se ha envilecido. ¿Te acuerdas de que la primera mujer, la buena señora que sacaste de la costilla del varón, te desobedeció?
¿Te acuerdas que los arrojaste del paraíso y que estaban desnudos para vestirse con su trabajo? ¿te acuerdas de todo ese rollo macabeo? Pues sí, los dejaste y si te vi no me acuerdo.
Y de esto hace ya más de 5.000 años y tú te fuiste -que ya digo, no comprendo que la cosa fuera para tanto- y si no, no haber hecho a la mujer tan frágil, tan propensa a la caída.
Ya va siendo hora, Padre, de que te dignes volver a ver cómo nos va, que igual te crees que aquí todo marcha bien. Esta Navidad podría ser histórica: deshacer lo hecho y vuelta a empezar, que a mí me parece que ya hemos pagado bien nuestro yerro.
No vuelvas otra vez al Paraíso aquel donde no se trabajaba, ni se sufría, ni nada de nada, y todos tan contentos. ¿No ves que la pena fue desorbitada? ¿que las culpas de una mujer no deben pagarlas descendientes de las mil y la madre generaciones posteriores?
¿Es que te crees que todos piensan que lo hiciste bien? Pues no, hay muchos que no ven bien lo que hiciste. “Tú has incumplido mis mandatos, fuera de aquí, a morirte trabajando”. Hombre, no era para tanto.
Repara, Señor, aquel traspiés y devuélvenos lo perdido. Esta Navidad puede ser el mejor momento y todos tan felices.
Francisco Tomás Ortuño.
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