Cándido.

28 Noviembre 2024  San Papiniano

   Murcia, jueves, las ocho y veinte, sin novedad. Te cuento de mi Diario:

   24 septiembre 1977.- Hoy me encuentro en buenas condiciones físicas y mentales; ayer menos. ¿Será que ayer hubo en mi algún desequilibrio orgánico que produjo malestar en mi persona y trascendió a mi mente?

   ¿No pudo ser que el barómetro hizo alguna de las suyas? Mi equilibrio orgánico me produce paz, alegría de vivir, serenidad y lucidez. Mi equilibrio orgánico es la fuente de mi bienestar y de mi buen juicio, el motor de mis acciones, el que rige mi moral.

   ¿Merecemos premio o castigo por nuestros actos? Creo que no. El “Santo” nació para Santo, como el “sabio” nació para serlo: equilibrado, de fácil comprensión. La sabiduría fluye de su persona como el agua del arroyo.

   Todo en la persona es según su naturaleza: hay personas que nacen para mandar y otras para obedecer. El que nace para mandar lo pasa mal obedeciendo y quien nace para obedecer no sabe ocupar puestos de mando.

   Estos niños que son de mayores jefes de empresa, gobernantes, etc, tienen desde pequeños, por naturaleza, fuerza en sus palabras, atracción de sus compañeros, tendencia a mandar.

   Cambiar los papeles, los roles sociales, es ir contra la misma naturaleza. Y estar en contra de la naturaleza es motivo de infelicidad. Cada persona debe estudiarse meticulosamente y obedecer a su propio natural.

                                          Francisco Tomás Ortuño


   25 septiembre 77.- Cándido fue para mí un ídolo. En mi vida he tenido algunos ídolos. ¿Quién no los ha tenido? De niños, la ilusión tan viva hace soñar, ser idealistas, ver las cosas de otro modo a como son en realidad.

   Así nacen los ídolos. Son estos las personas que quisiéramos llegar a ser. Sí, el ídolo es un dios, se ofrece a nuestros ojos sin ningún defecto.

   Después he tenido otros ídolos. Pocos, lo reconozco, pero los he tenido. Han sido personas para mí insuperables, fuera del alcance de los demás.

   Mis hijos tendrán los suyos: Ayala, Iríbar… Creo que es bueno tener ídolos. Es una meta para alcanzar, un sueño. Hace superarnos para ser como ellos. Nos hace ser mejores. Sí, creo que los ídolos son buenos.

   Luego estos ídolos se van apagando. Son los años en que vemos las cosas de otro modo. La razón, la fría razón, desprovista de sentimentalismos, nos hace mirar la vida de otra forma a cuando éramos niños.

   En ese momento, aquel ídolo que se mantenía en el recuerdo, se hunde estrepitosamente para siempre. Es un ídolo caído, un ídolo que muere.

   26 septiembre 1077.- Cada vez estoy más convencido: ser uno dueño de sí mismo permite triunfar. Hablaría del gran valor de la renuncia. La renuncia es dejar voluntariamente el mal que nos domina.

   La renuncia es el triunfo de la razón. En la persona, la razón debe dominar a nuestro mundo de vicios y pasiones. La razón, la Señora, la que gobierna la casa, debe ser la dueña absoluta.

   Si lo consigue, todo está resuelto favorablemente; de lo contrario, habrá desorden vicio y llanto. Sí, el llanto nace de la derrota. Uno se siente poco satisfecho de sí mismo sí claudica. La claudicación de la razón es su peor derrota.

                                          Francisco Tomás Ortuño.

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